Ya había estado ahí

ya había estado ahi

Dormí en paz,
miré hacia un lado,
a la otra orilla de la cama
y solo vi un espejo.

Intercambiamos miradas.

Como si yo
ya hubiera estado ahí antes.

Dormí bien,
pero el silencio de la casa
me resulta ensordecedor.

A veces,
aunque a diario me soporto,
mis monólogos
terminan respondiéndose solos.

Hoy me sentí un poco vacío,
como si esta temporada
de ausencias
y de escasos besos
enviados a distancia
me habitara.

El invierno
debió partir hace meses,
pero aún se queda
en mis pies fríos.

Tal vez sean
los meteoritos del pasado
que se estrellan
en nuestras calles,
extraviados,
y nos desvían por momentos
de nuestra órbita.

Anestesio por un instante la mente.
Dejo de poetizarlo todo…
excepto a ti.


la habitas.

Llego a mi cama,
trinchera de besos,
de poemas
y de sueños.

Algunas noches
—no todas—
tus mensajes
son la metralla
con la que me defiendo
del asedio de los días.

Mi perro,
el amigo al que le leo
cada verso,
me mira
e inclina la cabeza
de lado.

El viento es frío,
pero ya no cala.

A veces
me siento cobijado
al pensarte.

Tus lunares
—recuerdo—
son constelaciones
bajo mis dedos.

Y en estas noches,
mientras marzo se incinera,
me haces falta
justo aquí,
entre mis brazos.

Edu Monch Edumonch

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