Empecé por extrañar tu presencia
por recordar el sabor de los labios
«Me muero por morder una vez más tus labios»
por hundirme en los callejones sin salida de tu ojos
de mirarme en ellos como antes me miraban
de asediarlos con miradas
hasta llegar a tu alma
y volver a arrancarles
aquellas miradas que derretían a la luna
Mis manos ansían volar por tu piel
deslizarse nuevamente
entre las nubes de tu cadera
emprender la caminata
por el laberinto inagotable
sin salida de entre tus piernas
Tu espalda me devuelve
me revuelve en ella
labios recorriéndola
palmo a palmo de su inicio
a tu cuello
Otra vez tu olor entre mis dientes
mordisqueando la pasión enterrada
justo a la mitad de tus senos
que se desbordaba entre la miel
de las posibilidades
Tus piernas como serpientes
atadas a las mías
con el ritmo
la cadencia de dos ríos nebulosos
que se desbordaban al unísono
Me encuentro otra vez
en tus mejillas
en tu cuello de azúcar
en tus palabras invitándome al amor
traspasándote,
olvidados en el mismo ritual
cincuenta veces repetido
Otra vez tu sonrisa plena, abierta
colmada de nervios, verdades y mentiras
Tu risa entre paredes revoloteando
rebotando contra nuestros cuerpos
que se enlazaban con sólo piel
Otra vez nosotros,
tu cuerpo desnudo en la penumbra
entregado y oculto
entre las manos profundas como ojos,
De vuelta a los mundos
a dos mundos sin sentido
sin sentirlo
Abandonándonos cada día en el recuerdo
Arrastrando tu olor y el mío por la ciudad vacía
La vida eterna, veladora de aceite en la memoria
El tiempo y el pasado
cincel y martillo
para dos cuerpos crucificados en otras vidas
Todas las noches tienen algo de tus noches
Todas las caras, los ojos y los cuerpos
me hacen buscar algo tuyo que se me pierde
Te vuelvo a mirar
mientras entras y sales
con tu prisa y risa eternas
Salida y entrada
de nuestras vidas imperfectas
Nos queda el desorden de la memoria
dos sombras consuetudinarias
que a diario se niegan
Soledad y espera,
en vueltas de vidas, esferas y ciudades,
Soledad y espera
de una voltereta fortuita que te deje
una vez más
en silencio,
entre somnolienta y encantada
desnuda entre mis brazos.
Eduardo Guatever


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