Finalmente tenemos este muro
hecho de adobes de silencio
de emociones mal conducidas
de recuerdos confusos
de tardes y días de nadie
de risas y palabras
ocultas tras dos gritos
No encuentro tus brazos
ni un trozo de tu cuerpo al estirar la mano
no queda nada de ti ni de mi
sólo dos vacios,
dos ausencias sobre la cama
Nos perdimos,
no se en qué año
en qué día
nos volvimos día o noche
o calle
o angustia
o tristeza
No distingo en que momento
extraviamos la senda de la esperanza
cuándo nos enredamos entre la maleza
de nuestra propia cotidianidad
Ya no podemos arrancarnos
de los brazos que creamos
los mismo que nos aprisionan
nos exprimen
al límite de nuestro propio fin
que con toda inocencia nos separan
sin saber qué fue de ti o de mi
que nos dejan confundidos
ignorando qué ocurrió con aquello
que alguna vez llamamos amor
Eduard Monch


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