Los pies fríos anudados a los zapatos
pasos que se dan a obscuras
entre la maleza que crece
por los días que esparcen sueños
como abono de tristezas futuras.
Una vela inunda de amarillo los ojos
mientras trato de retenerte
de abrazar mientras quiero recordar
¿cómo eras?
¿cómo cabía el mundo entre los dos?
Gotas resbalan sobre agua
te llamo, grito tras de un cristal
al que me lanzo como a un mar que me desgarra
y en su reflejo
contra la ausencia de tu voz me quiebro.
Besos con sabor a besos
cuerpos sin sudor de cuerpos
Esperanzas esparcidas por reguiletes
que dejaron de ser molinos
apenas regando en nuestros labios
el silencio y la ausencia en que te pierdes.
Sueños de muertos por distancias
y otra noche mas sin tus brazos
Miedos se mudan del pasado
para mirarme como al hermano
que creían caído en batalla.
Recoger besos por las calles
de esos que nadie envía
de los que uno inventa
para saborear sorbos de vida
Recolectar miradas entre tumbas
creyendo que las muchachas tras los cristales
son promesas de permanente adolescencia.
Brincos de una acera a otra
de senos como cielos extraviados
a caricias sembradas en la infancia
y diluidas por las lluvias sobre las paredes de la piel
que dejan a su paso terrenos secos y agrietados.
Muecas y oídos de serpientes
se anudan en mis ojos
despidiendo palabras sin labios
Construyendo barcos sin pañuelos blancos
y horizontes que se funden
en negros infinitos.
Más y más noches de risas
que se desprenden de sueños
de prisas matutinas que concluyen
en un portazo sin un beso.
Cafés más oscuros y fríos
en tazas ajenas con sabor a ajenjo
Poemas repetidos de cosas que cuento
como cuentos incomprensibles
llenos de recuentos.
Eduard Monch


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