Desperté queriendo alcanzar tu cuerpo
arrancarlo del sueño e incrustarlo
en estos días de ausencia.
Humedecí mis labios
con ganas de abandonarlos lenta,
tranquila y pausadamente
en cientos de besos sobre tu piel infinita.
La mañana llegó con esta ansiedad
por cobijarme en tus manos
y resguardarme del tiempo
y guardarme sin tiempo
lejos del barullo de la vida
de las noches sin sentido.
De soñar y no tenerte
me voy haciendo
de la arena de tu cuerpo
que se escurre entre mis dedos,
de labios clausurados
por esta distancia insondable.
Amaneció sin ti,
como siempre,
pero hoy pensé que tal vez,
luego de esta larga espera
aparecerías,
no se si renovada,
pero si, con ganas de desnudarnos,
y despojados de toda realidad:
callar
mientras miramos el abismo apacible
de nuestros cuerpos
en el momento justo después del amor
Eduard Monch


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