Las manos acalambradas, entumidas,
con el temblor de la indecisión
viajando desde las yemas de los dedos
hasta la cabeza.
Sólo tengo este silencio profundo
entre mi lengua y mi consciente
entre mi mano y tus ojos.
¡No quiero saber de nada!
el mundo no me contiene
el mundo se hace ruido
de palabras, de risas, de pasos
que caen en mis oídos
para derramarse sobre la ausencia
y escurrir gota a gota en pasado.
Quiero cambiar todas las historias
retomar los senderos ocultos
olvidados tras la maleza de la costumbre.
Reparar las puertas desvencijadas
reconstruir los andamios
para que se unan de nuevo nuestros labios.
Cambiar la búsqueda constante
por la paciencia eterna.
Adormecer por un día
este motor de incertidumbre
y confiar de nuevo
que duermo en tus brazos
sin reminiscencias de incertidumbre
solos, de nuevo solos
con la lámpara de la esperanza
encendida en el buró,
mientras nuestros brazos se re encuentran
y aprenden a soportar, una vez más,
la embestida diaria de la vida.
Eduard Monch


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