De las ramas se desprenden las últimas hojas
los frutos finales,
ramas desvencijadas
por tantos adioses entre dichos.
Ni la costumbre ni la constancia regresaron
la sequía de palabras,
tanta ausencia de primaveras
lo dejaron seco.
Las aves partieron
los insectos se olvidaron
él no volvió a sentir
ni siquiera al viento pasear entre sus ramas
Sólo quedaron estas ganas de tumbarse
de derribarse sobre la hierba
de pegar sus oídos a la tierra
para escuchar de nuevo
el crujir de los años
sin decir palabra alguna.
Volverse de nuevo al principio
regresar a la tierra y repartirse,
esparcirse por el aire
en diminutas astillas
que el mismo polvo olvide
Todo cruje
y en un grito
en un estallido
en un estallido como grito
todo se quiebra
un adiós interminable silencia al viento
dieciocho anillos ceden bajo la débil corteza
mientras las ultimas gotas de sabia
escurren por su tronco
por sus ramas, por sus ojos
y entonces no queda nada,
nada
nada
Eduard Monch


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