Enfrentar la hoja en blanco
con los nervios apretados en la palma de la mano
con sentimientos que quieren gritar
pero se quedan callados
Me estoy deshaciendo
mis labios no emiten palabra alguna
sólo murmuran tu nombre
entre el silencio absoluto de la noche.
Muero
escurriendo sangre entre días
muero
llorando este dolor pasmoso,
helado letargo
entre la lentitud de las horas
Escuchar una y otra vez:
«adiós»
de tantas bocas distintas
con tantas formas distintas
y cada adiós se hace signo
entre palabras no dichas
¡Nadie espera!
la soledad misma se despide
la muerte se cansa de aguardar
y todos parten,
me quedo a mitad de la calle
en medio de un sueño
con el frio invernal que me aloja,
que me habita
con mis pies gélidos que se niegan a andar
y el escalofrío del vacío
recorriendo mis venas
¡Todo se va!
la vida de costumbre se ausenta,
los cuerpos se diluyen
y la muerte se lleva la esperanza a rastras
para dejar nada,
nada
sólo vacio,
me hago un portador de ausencias ajenas
y las hago verso
y las destrozo
y las padezco
Pero hoy no queda nadie
sólo este pudrirse desde dentro
en cada hueso, con cada sueño
y mirarlo todo desde la comodidad de una cama
que ya no vuela
que se queda estática y callada
Estoy cansado de despedidas
hasta la madre
del futuro arremolinado
ante mis ojos
de estos huecos que me llenan
de todas mis dudas
del dolor
de las deudas
y de tantas promesas guardadas,
dichas
deshechas
hechas añicos
en el rincón de mi memoria.
Edu Monch


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