Postergamos el adiós
porque seguimos arrastrando
trozos de piel en la memoria
retazos de besos
pegados en la lengua y al paladar
Postergamos el adios
porque la traición
no borra
el recuerdo adherido a las neuronas
que inevitablemente
aparece y desaparece
Postergamos al adios
porque la maldita esperanza entrometida
asoma su puntiaguda nariz
sin entender de distancia o despedidas
ni del “no quiero nada contigo”
o del “quiero que te vayas”.
Postergamos el adios
porque en nuestras venas
corren navajas
que transitan bajo una piel masoquista
incapaz de huir del dolor
Postergamos el adios
porque nuestro sistema límbico
se aferra como un cachorro extraviado
a los senos que brindaban seguridad
pero al recordar
que esos senos estuvieron
en las manos de alguien más
nos incita a partir
Postergamos el adios
porque aun creemos
que podemos exprimir miel
de aquellos labios
pero esos labios recorrieron
otra boca y otro cuerpo
y terminan siendo mordidas de hiel
que no deja más
que este agónico farewell.
Edumonch



Deja un comentario