Esta muerte que me habita,
me rodea en silencio, todo el tiempo,
fecundando sus semillas en el olvido
para que ni cuenta me dé.
He cargado tantos cuerpos
de mí mismo,
jalándolos con correas de cuero
amarradas a brazos y piernas,
arrastrando por la vida carrozas
llenas de lo que fui.
Pesados cuerpos
de quienes una vez habité,
de aquellos que dejé de ser.
Ideas y sueños que se pudrieron
en el cuerpo y la mente,
como restos olvidados
en la memoria de quien nos dijo adiós.
Hay otras tantas muertes que nos habitan:
las de aquellas mujeres que eligieron partir,
que buscando refugio en otros cuerpos
acabaron enterradas en mi memoria,
con todo y los hijos
que decidieron tener después de mí.
Pero el inconsciente traicionero,
con sus sueños obstinados
y su necio sobrepensamiento,
no las deja descansar.
Me he matado tantas veces
que hoy solo soy un leve recuerdo,
amorfo, del que antes fui
o del que creí ser.
Edumonch



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