Cuando el punto final llega
a veces no tiene sentido,
y no se sabe si sentirlo
o sí prolongarlo eternamente,
como una línea punteada
que se corta y retorna,
entre despedidas que no acaban,
entre adioses que se vuelven eco.
Hay quien como tú, por miedo,
o por no saber mirarlo a los ojos,
buscó el punto final
en el cuerpo de un extraño.
Dejaste que la relación fuera perforada
hasta lo profundo, al abrir las piernas
rompiéndote, rompiéndonos.
Traicionaste con la excusa en la boca,
y escondiste valores
bajo un manto de pretextos
y senos manoseados.
Yo lo busqué
entre tequila y cervezas,
nostalgias nocturnas,
en el eco de risas rotas,
o en poemas que intentaron decir
y al final no dijeron nada.
Pero el Fin, tarde o temprano,
asomó su cabeza de verdugo.
Con el nombre de un extraño
pegado a tus labios,
y en el fondo vacío de una botella,
terminó por meter el pie a nuestras historias,
empujarlas al abismo,
y romperlas en mil pedazos.




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