Llegará un día en que deje de escribir.
No porque abandone la poesía,
sino porque ya no escribiré de ti.
Estoy seguro que te irás diluyendo
como segundos disueltos entre años.
Tu voz será un sonido extraño,
el sabor de tu piel,
una canción olvidada sobre mi lengua,
Tu cuerpo, entre mis brazos,
desaparecerá como un sueño
del cual despertaré
y estará en el olvidó.
Solo quedará una leve cicatriz,
una ligera marca sobre mí piel
por donde alguna vez extirpaste
mi alma, mi corazón, mi vida;
aquel día,
que decidiste llevártelos a rastras
hasta abandonarlos
tirados en el baldío de tu existencia,
justo cuando ya no te servían.
Tal vez, mis manos, algún día
olvidarán el tacto de tu piel sobre otro cuerpo,
tal como tú te olvidaste de mi
mientras aún mordías mis labios
y mi nombre.
Mi boca perderá el molde de tus labios
y aprenderá a llenarse
con nuevos besos que no sepan a tu traición.
Estoy seguro, que ya no te pensaré al amanecer,
ni te colarás en mis sueños
como una loba nocturna,
mordiéndome y lastimando mi vida
para dejar sudor y lágrimas.
No volverás a aparecer
en una y otra vez
en la misma película desgastada:
revolcándote en otras camas,
enredando mentiras entre sábanas
alcanzando labios parada en la punta de tus pies,
ensanchando tu vagina
con nuevas historias.
El llanto acabará por endurecerse,
formará callos sobre mis mejillas,
deformaciones que marcarán para siempre
los límites del amor.
Así te irás,
justo como llegaste:
desde la nada.
Partirás llevándote
lo que arrancaste de mí,
todo aquello que ni siquiera
sabrás que tuviste
pero al final, descubriré
que todo eso que me arrancaste
entre traiciones y falsas esperanzas;
sabré, que yo, ya no lo necesitaba.




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