Todo el silencio
se mete por mis oídos,
como un enorme vacío
que devora mi mente.
La oscuridad se hace inmensa,
más inmensa que la noche misma;
se funde con mis ojos, con mi mente.
Todo se ahoga
en aquella espesura irrespirable,
intransitable.
El corazón se quiebra más y más.
No le bastó a la vida,
a algunas personas, romperlo;
había que molerlo,
no dejar rastro de que algún día
existió.
¿Qué hacer cuando aquel corazón,
aquel amor que emanaba de él,
regulaba mi vida,
viajaba diluido en mi sangre,
intervenía en la sinapsis,
salpicaba cada acto, cada palabra?
Yo te busco a veces
en algunas cosas que se impregnaron de ti,
como mi mente,
mientras tú sigues buscando,
una y otra vez, en tu reflejo
sobre algún nuevo río.




Deja un comentario