Es tan curioso cuando me preguntan
«¿Cómo estás?».
Respondo con un discreto “bien, gracias”,
y, por educación, pregunto lo mismo.
Entonces me ofrecen un discurso radiante
sobre lo perfecta que es la existencia,
lo extraordinario que resultó su día,
cómo todas las piezas encajan
y cuánto se debe agradecer a la vida.
Y pienso que debí ser honesto, y responder:
hoy escribí dos poemas muy tristes,
y eso fue grandioso.
Sobreviví a otro día,
eso resultó increíble.
Hallé un fragmento de mi corazón
entre los escombros de un recuerdo,
y comprendí que aún me faltan
muchas piezas por recuperar para re-unirlo.
Descubrí que aquel vacío
que antes me llamaba
desde la orilla de la colina,
me lo tragué.
Ahora lo bordeo a diario,
con cuidado de no caer y quedar atrapado.
En realidad, debí responder que sí,
en efecto, fue un día maravilloso.




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