El amor no alcanza
para comprar una casa
o para mantenerla de pie.
Se puede derrumbar desde adentro
si se visitan otras camas,
si se regalan otros besos.
El amor no alcanza
cuando no quieres que alcance,
cuando escondes pretextos
bajo la almohada
para, cada noche, soñar con alguien más.
El amor jamás alcanza
si ves en el otro
un río sinuoso de dudas
en el que no te atreves a navegar,
y prefieres la comodidad
de aquella nueva autopista, sin regreso.
El amor dejó de alcanzarnos
aquel día en que te olvidaste de mí,
cuando se fundieron las noches,
cuando se confundieron tus instintos.
Y tomé mi maleta,
con mi ropa
y los restos
de mi amor mal doblado,
que dejó de alcanzar.
Cuando, después de un balance,
encontraste la bóveda de sueños vacía,
contaste tantos años,
revisaste las cuentas del banco,
y determinaste que nuestro amor
era una mala inversión.
Y así quedé, en saldo rojo,
sin reembolso.




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