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Renacimiento

Renacimiento

Los meses corrieron para su concepción.
Recuerdo el momento
el día exacto,
la noche,
el instante preciso
en que ella lo engendró.

En realidad, no fue por amor.
Tomó su decisión
por un despecho casi infantil,
por una venganza freudiana
en la que su pasado entró gritando.
Su necesidad de atención,
algunos traumas por abandono,
y los narcisos que florecían
aquella primavera
fueron el ambiente perfecto.

Primero fue el sacrificio.
Aquel pacto
requirió que la luna,
desnuda, se arrodillara
lambiera otra piel
succionara una nueva historia
de aquel falo,
abrió las piernas
y la penetró aquel falso tótem
disfrazado de esperanza.

Esa noche,
la mujer
extrajo el corazón al guerrero,
quien observaba distante, detenidamente,
aquel acto de liberación
Aún sangrante,
lo arrojó a las brasas,
el cuerpo del guerrero derrotado
lo tiró a los perros.

*

Entre el primer y tercer mes,
contracciones inesperadas
parecían que la vida lo abortaba.
Llantos en el vientre,
canciones melancólicas
por el no nacer,
por no ser recreado.

Aún no podía pensar,
no sabía de destinos,
sólo tenía el dolor
que brotaba
al tratar de volver
a formarlo todo:
labios,
mirada,
sueños
la existencia misma

*

Los siguientes tres meses
fueron para incubarlo,
separado de aquel cálido
y profanado vientre.
Enviándolo lejos,
con el cordón umbilical sangrante,
revolcado entre tierra y semen.

No había mucha esperanza de vida.
Sus ojos aún no se abrían,
su boca, inundada de dudas,
apenas si se abría.
Los pulmones saturados
de aire podrido,
sus manos no lograban sostener
nada.
Eran resbaladizas,
quebradizas.

*

Llegó el último trimestre.
Hubo quien se atrevió
a tomarlo entre sus manos
y a decirle algunas tardes
que valía la pena luchar,
hacer un intento más.
Él entendía que su corazón
había sido sacrificado,
que no era más que la reencarnación
de aquel guerrero,
en un nuevo inicio.

Hoy, tras nueve meses,
nació lleno de sangre, enmantillado
sin salir de su bolsa
de su pedazo de vida
sin querer saber
lo que es volver a sentir,

Lleno de pre concepciones,
con su memoria previa
nublada por el dolor,
desconfianza,
miedo de volver a andar
y el temor de volverse a dar.

Edu Monch Edumonch

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