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Días cíclicos

Son los días cíclicos,
¿o lo es la vida entera?

Esa luna que aparece de día
y se queda mirando,
aunque en realidad no mira nada;
soy yo quien la observa.

Ella solo es una arista extraviada,
una roca desprendida que se quedó ahí,
lejos, sin poder partir,
fingiendo ser estática.

Parece dar siempre la misma cara,
pero al voltear en la oscuridad
muestra su otro rostro,
escondido, distante.

Ahora mi corazón late como fuego,
como brasas crujiendo entre las manos.
Arde entre llagas,
entre los trozos de mi piel desprendida,
desgarrada,
y el desagradable olor
de piel quemada.

Hoy abrí los ojos
y me ardió el pecho.
Por un instante, pensé
que eran las reticencias
que aún quedaban de ti
dentro de mi corazón roto.

Pero descubrí que eran esquirlas,
las que dejó tu traición
en la profundidad de mi alma
y que no pude extraer.

Sentí ese dolor que llega con el frío,
sobre las heridas que dejaste.
Cuando las nubes lo cubren todo,
el leve viento de la mañana
me recuerda que ya no estás
y el porqué de tu ausencia.

Llegó la falta de tu cuerpo,
cuando el agua de la regadera caía,
y recordé que el altar de tu piel
fue profanado por otras manos,
por otros labios.

Tal vez ese altar
jamás fue solo mío.

Hoy tu boca ya no está en mi boca,
y en lugar de tu lengua,
por mis labios, por mi lengua,
se desliza cada mañana
la amarga y seca sensación de la fluoxetina.

Que entra en mí
para perseguir demonios,
atarlos a tu recuerdo
y hundirlos en el fondo del olvido.

En ese olvido temporal,
donde saco la voluntad
para estar vivo
un día más.

Edu Monch Edumonch

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