Arritmia poética

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Aquella vieja caja fuerte

Yo era una vieja caja fuerte,
de esas grandes.
No recuerdo si de acero o madera,
pero encerraba mi dolor,
mis sombras y miedos,
lo más oscuro
y triste de mi ser.
Una melancólica caja de Pandora.

Un día, sin saber cómo,
te di la combinación,
aquella que juntaba números,
canciones, poemas,
besos, caricias y confianza.
Con ella entrabas y sacabas cosas,
me abrías y cerrabas a tu antojo.

Hasta que un día decidiste
volarme en pedazos,
liberando todos mis miedos,
aquellos temores,
como el abandono
que desde niño me acompañaba.

Hiciste mis monstruos realidad
al cambiarme por alguien más
sustituir mis besos,
mis manos, mi cuerpo.

Una y otra vez cada cosa, idea y pensamiento, los usaste
para destruirlo todo.

Entonces, las sombras
deambularon por mis noches,
el dolor quedó vertido en mi torrente,
circulando por mi ser a diario.

Aquella explosión fue un volcán,
con otro hombre hundido en ti,
mi corazón dejó de derramar sangre
que se hizo lava,
mis lágrimas, con el tiempo
solidificaron aquel magma sangrante.

Hasta cicatrizar
cada hueco que abandonaste,
cada herida,
se hicieron piedra:
Primero ardiente.
Luego tibia.
Hasta volverse
negra,
rugosa
y helada.

Ya no hay caja fuerte
ni volcán
solo queda este ser
que camina con la dermis invertida,
con el temor convertido en rabia.
Y el amor…
el amor se hizo ceniza,
toneladas de cenizas
que lancé al viento,
para ser arrastradas
a miles y miles de kilómetros,
y así, asegurarme
de que jamás vuelvan
a mi piel
a mi ser.

Edu Monch Edumonch

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