Te he sacado de mí
entre la angustia
de cientos de noches,
entre el insomnio
bañado en millones de lágrimas
que caen sobre una noria
hasta volverse eternas.
Te he sacado de mí
desde el dolor
de cientos de recuerdos inútiles,
entre la ansiedad
diluida en litros de mentiras
que recorren las venas
como un circuito infinito.
Te he sacado de mí
con la sangre
de decenas de heridas,
entre la locura
contenida tras las paredes del cráneo
que rebota como agujas,
entre historias sin final.
Te he sacado de mí
en el sudor
de este cuerpo que se derrite,
con la tristeza
acumulada de pies a cabeza
que me arrastra por las calles
como una carroza
que no encuentra mi tumba.
Te he sacado de mí
desde el adiós
como el alma que se desprende
para transmutar
cuando, en los brazos
de otro hombre,
descubriste que no me necesitabas.



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