Al fin llegó el día
que nos dejamos de hablar
tras doce años de mensajes
de llamadas infinitas
finalmente el amor se quedó sin saldo.
No importa cómo llegamos hasta aquí
tal vez fui yo
regalándote un mundo de amor
que me parecía perfecto
pero no
era solo “mi mundo”
no el tuyo
no el que soñabas
te di un mundo imperfecto
impostor
que se fue haciendo
cada día más y más pequeño
hasta que solo cabías tú.
O tal vez fuiste tú
huyendo de mi nano planeta
en el que reinabas
entre lodo y caminos extraviados
Seguramente fue ese día
en que creíste en un juglar
que te prometió galaxias
a cambio de tu intimidad
y al final solo te dio
bocetos inconclusos
que no llegaron a ser.
Quizás, solo quizás
fueron las fotos
que no compartí en Instagram
o el dinero que se iba
entre pensiones
que borraban
los últimos residuos
de pasión que albergaba tu vientre.
No sé si fuiste tú
y la necesidad de atención
y mi falta de atención
o mi vacío nocturno
vaciando cervezas
llorando canciones
mientras tú llorabas sin entender
la melancolía que me habitaba
y querías entenderme
y que yo te entendiera
mientras permanecías
encerrada en nuestra habitación.
Tal vez nuestros cuerpos
fueron insuficientes para sostenernos
Ni tu ni yo fuimos Atlas
para soportar el peso de nuestro mundo
en el que ni los besos, el sexo, la risas
importaron a la hora de decidir.
Tal vez fue la cama que se derrumbó
al no soportar al guey
que pusiste entre los dos
O cuando,
le endosaste nuestra historia a la vida
a cambio de una supuesta historia mejor.
Fue tanto lo que hicimos o no hicimos
para que al final
nuestro amor se quedara sin saldo.




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