Hoy sé que no me robaste el verano.
Sigo amando ver y sentir la lluvia.
sin necesidad de ti para vivir.
La espátula de dolor
con la que te desprendí
y arranqué de mí
cada trozo de tu piel,
me la diste tú.
Nunca sabré desde hace cuánto tiempo
me dejaste remojando entre mentiras.
que sentí escurrir sobre mí
apenas hace un año.
Hoy ya no importa.
No importan los años,
los besos, los cuerpos,
las historias
o el mal llamado amor
que por un tiempo nos contuvo.
La noche se llena de lluvia,
y ya no te diluyo
en un vaso de whisky
para buscar olvido,
ahora lo dejé
a un lado de la cama
y a ti flotando en él,
para ver cómo,
cada noche,
cada día,
entre traiciones,
tú, junto al líquido dorado,
te evaporas
hasta dejar solo una mancha
blanca al fondo del vaso,
como rastro,
recuerdo borroso
de lo que fuiste,
de lo que fuimos.




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