Aún reconozco tu cuerpo entre mis manos,
tu pecho en mi boca,
los labios que se buscan y se encuentran,
como miel sobre la piel.
las lenguas que se deslizan
Todavía siento la urgencia de poseernos,
de entrar entre tus piernas,
hasta que todo se disuelve
en la cúspide desde la que caemos.
Pero aunque te conozco
como un mapa aprendido
en la memoria de mis manos
hoy te desconozco
porque en ti habita la traición y la mentira;
estar contigo
es saltar en por un campo minado
con la estúpida esperanza de sobrevivir.
Eres ahora solo un maniquí:
frío, inmóvil, vacío,
expuesto en su escaparate,
fingiendo vivir,
necesitado de mi luz para brillar.
Hoy somos esta distancia:
erosionada a diario, por mentiras
y tu sexo derramado sobre otro hombre
un mundo anegado por más de un año,
imposible de habitar.




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