La soledad roe
Es rata huidiza
que se esconde,
pero siempre está ahí,
tras las cajas olvidadas,
rascando recuerdos.
Es melancolía sin fundamento,
nacida solo por el hecho de existir.
Dudo de los días,
de las personas.
El odio y yo
parecemos habitarnos mutuamente.
Un día tuve que salir
por aquella puerta
el día en que me empujaron
las traiciones
y las mentiras
esparcidas por todo tu cuerpo.
como perro hambriento.
Ese día en que un viento fuerte.
abrió todas las ventanas,
entró el dolor,
y se quedó a vivir en mí.
Hoy regresas
con nuevas historias,
mientras el dolor aún drena.
Vienes a reavivar viejos incendios,
a encender el fuego,
a hundirme entre leños ardientes,
quieres ver mi piel desprenderse
y la carne viva otra vez,
justo como me dejaste
hace un año.
Pero hoy,
aunque tus palabras
remueven tierra
y agitan el océano,
me retiro de tu orilla.
Me alejo del vaivén de tu mundo
y me resguardo
aún a la intemperie,
aún al alcance de tus vientos
pero en lo alto de la montaña.
El odio me escurre
como saliva,
y vuelve la contradicción
entre rencor y pasión,
acalambrándome manos.
Los días son buenos
cuando no estás.
El viento deja de soplar,
desaparecen las olas,
y la marea se vuelve
benévola,
apacible.
Las certezas emergen
entre la arena,
y me tumbo otra vez,
mirando cómo las nubes
corren rápido,
como si el viento
acelerara el tiempo…
para que todo,
por fin,
se olvide.



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