Vamos por la vida formando círculos,
en los que quedamos girando,
repitiendo una y otra vez.
Pensamos que andamos,
que caminamos,
pero retornamos.
Solo cambia el paisaje,
el entorno.
A la distancia vemos que se forman otros círculos
y creemos que todo cambia,
pero nos repetimos,
una y otra vez, en el mismo círculo.
Hay tangentes,
hay intersecciones,
que en nuestra ignorancia
dejamos pasar.
Cada intersección,
cada tangente, es un lazo
que se tiende para rescatarnos,
y llevarnos a otro camino,
a un nuevo círculo.
Debemos tener la conciencia clara
si queremos vivir de nuevo ahí
o seguir brincando,
al siguiente,
y al siguiente,
cada que completamos una vuelta.




Deja un comentario