Arritmia poética

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Ella se evaporó

Ella se evaporó

Ella se evaporó.

No murió,

ni siquiera hubo una lápida.

Se fue esfumando,

deseando otra vida,

soñando otros labios.

Así su cuerpo

se rindió ante otro cuerpo.

Después, durante cientos de noches,

remojó su piel

en baños de mentiras

que poco a poco

la desmoronaron.

Modificó el sonido de su nombre,

su mirada,

cambió de piel,

hasta lo que creía su esencia.

Todo lo que ella era, partió,

y lo vi desaparecer:

se fue entre mis manos,

entre mi mente;

se hizo pasado

y súbitamente

se hundió entre el tiempo,

hasta extraviarse en la neblina.

Pasaron meses, tal vez años.

El dolor me hizo intangible.

Hoy siento cómo mi cuerpo se funde,

se confunde con la mañana.

Pierdo el límite exacto entre mi piel

y el aire que me rodea.

Me hago viento

que huye sobre las montañas

que delimitan la ciudad.

Me extravío entre nubes,

soy la brisa que se estrella

contra los parabrisas.

Desbordo la ansiedad

sobre pirules y pastizales;

hasta que dormita sobre el trigo,

sobre piedras que todo bordean.

Me hice viento en calma,

que ya no persigue,

aire estático

que todo roza,

pero nada se lleva.

Edu Monch Edumonch

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