Las gatas lloran de noche
mientras buscan en la oscuridad
alguna cueva
donde volverse grises
y pasar por cualquier otra.
Reconocen a los gatos
con quienes se aparean:
sin vínculo,
sin estrechez,
con indiferencia.
Corren a casa en la madrugada,
llevando en las entrañas
la ceniza de varios cuerpos.
Y al entrar, miran a su dueño
con ternura e inocencia;
se frotan contra él,
como si aquella noche
jamás hubiera existido




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