Los vínculos se han roto; no queda mano alguna.
Solo el roce de partículas
flotando en el viento.
Los suspiros de antes,
la respiración agitada
entre nuestros cuerpos,
los hice pranayama.
Tomo un nuevo camino;
el paisaje del pasado
se desliza hacia la derecha.
Las historias de amor ondean
como un pañuelo blanco en el horizonte.
Continúa el camino
sobre el cristal,
espejo–realidad.
La evaporación de viejas lágrimas
se condensa en vaho.
Entreveo un paisaje borroso,
incierto.
Tal vez ese vaho
es lo que llaman olvido.
Paso la yema del dedo
sobre la humedad del cristal.
Trazo tu inicial y la mía.
Hoy queda solo eso:
un par de iniciales mal hechas,
indecisiones que se escurren
sobre la superficie
resbalosa del vidrio.
Al llegar a un nuevo sitio,
la realidad pasará un trapo
y lo limpiará todo.
Encontraré, entonces,
un nuevo paisaje en el horizonte,
un nuevo camino
y nuevos paisajes por olvidar.




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