Hoy desperté
con más ganas de olvidarte,
con menos intenciones
de seguir reteniendo
dolor entre los dientes.
Recorrí la galería de fotos
resbalando por un tobogán,
borrando recuerdos.
Y entendí que
eliminar una foto
es borrar miles de historias,
un trozo de memoria
que deja de doler
cuando por fin
se rinde.
A veces me da miedo pensarte.
No te extraño,
te pienso:
como poner miel
y cicuta bajo la lengua,
parecido
al sabor de tu piel.
Termino flotando
en la fosa profunda del olvido,
donde se ahogaron
tus mentiras,
entre palabras
que nunca supieron sostenerse.
Y algo en mí —
por primera vez —
dijo:
ya no más.




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