Arritmia poética

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Querías extinguirme de tu vida

Querías extinguirme de tu vida,
y usaste el desprecio como ariete,
esa soledad mutua,
que antes nos unía,
la esgrimiste como excusa,
como tu filo que cortaba sin sangrar.

Invocaste a tus muertos,
suplicando que me alejaran,
y hasta albergaste a alguien más
en la hondura de tu cuerpo,
solo para ahuyentarme.

Me arrojaste al vacío,
porque nunca fui tiburón,
de esos que devoran la vida.
Te llevó doce años descubrir:
que soy de los otros,
de los que la vida traga enteros
sin masticar.
¿No es irónico?
Versos y sueños nunca pagan deudas.

La muerte, sabia y cruel,
siempre me lo susurró:
“Hay pocos trabajos para poetas”.
Hoy entiendo
por qué decidiste arrojarme
al drenaje de tu vida,
retirarme de tu espalda infinita,
alejarme de ese costado tuyo,
que un día se imantó
inexorable contra mi cuerpo.

Mis días estaban colmados
de vicios y vacíos,
sosteniendo un pasado pesado
construido en otros mundos.
No tenías por qué
compartir la poca agua
de aquel pozo mohoso,
en el que la planta se pudrió
y sus semillas las extirparon,
incapaces de dar frutos.

Por eso buscaste a otro,
a alguien más,
mientras yo todavía dormía a tu lado.
Alguien que te tejiera esperanzas,
que dibujara promesas nuevas
donde las nuestras
yacían ya extintas.

Reconozco mi culpa:
fui tu lastre.
Tú querías volar,
y yo, terco, te arrastraba,
siempre el incorregible corrector de estilo,
incapaz de darte
un mejor estilo de vida.

Sé bien quién soy.
De esos que crean, inventan,
que creen y aman,
pero que poco generan,
que poco sostienen.

Edumonch


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