Hoy es uno de esos días
en que el café se enfría,
las manos y el corazón se entumecen,
y los dientes apretados
no distinguen entre frío y ansiedad.
Hoy estoy desgastado,
como si hubieras lijado mis huesos
hasta dejarme solo médula.
Hoy, incluso el viento y la brisa hieren,
aunque no tanto como recordarte,
justamente
como no quiero recordarte:
haciéndome pedazos
mientras te desnudabas
en las manos de alguien más.
Me agoté hasta deshacerme,
desmoronándome en tus dedos,
mientras yo jugaba a creer
y tú jugabas a ocultar.
Te regalé noches,
lágrimas y despedidas sin adiós,
entre cenas y risas,
bailes a medianoche,
tú escondías, con nombres falsos
y esperabas el lunes
para correr a otros labios.
Me destrozaste con palabras,
entre tus dedos,
con falsas historias
me hiciste caer,
una y otra vez,
mientras elegías
una vida paralela:
mentiras, cuerpos desnudos,
Ubers, noches, lágrimas,
traiciones, tequila y cerveza;
aquel departamento y sus calles,
son el bucle temporal
en el que mi mente sigue atrapada.
Hoy caminamos
entre ensoñaciones,
distantes,
por ciudades diferentes.
Mis nervios oxidados
dejan que la vida se escurra,
casi como lo imaginaste:
entre ausencia y distancia.
Y aún no logro saber
si aquello que querías,
aquello que soñabas,
se parece siquiera un poco
a lo que hoy tienes
o si estaba más cerca
de lo que perdimos.




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