Se me olvidó cómo decir “te quiero”.
Aún recuerdo cómo se siente,
lo que es querer,
pero es solo una estancia vaga
donde alguna vez habité.
Hoy sé que querer
implica preguntas sin respuesta,
dudas que el ser
debe asumir como dogmas.
Pero mi cuerpo,
mi mente,
ya no pueden ceder.
Alguna vez creí en hombres y mujeres.
Hoy me resulta más sencillo
creer en un dios.
Aunque distante,
está más presente
que todos esos amores
diluidos entre traiciones
y noches heladas.
Tengo más nostalgia
atorada entre los dientes
que palabras de amor
bajo la lengua.
Soy un torbellino de nada,
un hoyo negro errante
donde alguna vez
brilló una estrella.



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