La cabeza pesa demasiado
toda memoria, cada recuerdo
es una roca
que se apila sobre otra,
que se atasca en mis ojos,
rueda por mi garganta,
raspa, aplasta palabras,
me deja sin labios.
Aunque la neblina
hoy se despeja,
toda la ciudad está en ruinas.
No queda nada.
No queda nadie.
Pensaba que al partir la niebla
encontraría todo igual:
casas, árboles, la cama,
tal vez el amor y la esperanza
bien resguardados.
Pero todo había dejado de ser
se desvanecieron las cosas
las ideas
y todos sus significados
Las aves volaron.
Supe que te fuiste primero
y dejaste todo oculto
para que no te viera partir
dejando confusión y caos
tras de ti
Aún viertes palabras
sobre laberintos
que giran y giran sin sentido
El amor ya no duele como antes.
Es un recuerdo
que bullea al ego,
o el ego al amor.
Y la noche esparce sueños
por miles de camas sobre la ciudad,
evitando la mía
con sus sábanas de angustia
sus noches en vela
y este cuerpo que entre dudas
sabe re iniciarse cada día



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