Me quedo solo.
Odio esa levedad
que despega del suelo
la superficialidad de las cosas,
de nosotros.
El tiempo es un peso:
cada minuto un bloque
que se desploma en la mente,
que abre grietas en el cráneo.
Quisiera desmoronar el pasado
hasta volverlo polvo,
tan fino que la brisa
lo arrastre hacia la nada,
hasta dejarme vacío.
Sin memoria,
sin recuerdos,
prístino el cerebro,
para reiniciarme.
Para nacer de nuevo.




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