• Finalmente tenemos este muro

    Finalmente tenemos este muro

    hecho de adobes de silencio

    de emociones mal conducidas

    de recuerdos confusos

    de tardes y días de nadie

    de risas y palabras

    ocultas tras dos gritos

     No encuentro tus brazos

    ni un trozo de tu cuerpo al estirar la mano

    no queda nada de ti ni de mi

    sólo dos vacios,

    dos ausencias sobre la cama

    Nos perdimos,

    no se en qué año

    en qué día

    nos volvimos día o noche

    o calle

    o angustia

    o tristeza

    No distingo en que momento

     extraviamos la senda de la esperanza

    cuándo nos enredamos entre la maleza

    de nuestra propia cotidianidad

     Ya no podemos arrancarnos

    de los brazos que creamos

    los mismo que nos aprisionan

    nos exprimen

    al límite de nuestro propio fin

    que con toda inocencia nos separan

    sin saber qué fue de ti o de mi

    que nos dejan confundidos

    ignorando qué ocurrió con aquello

    que alguna vez llamamos amor

                                      Eduard Monch

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  • La distancia de hoy

    La distancia de hoy

    resultado de tantas agonías

    de labios apretados

    de manos que se apartaron,

    sin percatarse, sin prever

    que conducían a un final.

    De esta distancia,  llena de huecos,

    de cambios,

    de rodillas raspadas

    contra la acera de los días

    no nos quedamos, no estamos

    nos diversificamos en cientos

    en miles de pretextos

    para ser otros,

    cualquiera, menos nosotros

    Nos evitamos,

    construyendo un andamio desvencijado

    sobre el abismo de la desilusión

    diálogos entredichos, a medias

    diálogos sin ojos, sin palabras.

    Rechazo, odios, dolores,

    se entretejen formando marañas

    enredados rincones sin escapatoria

    que nos encierran

    que nos conducen de victimas

    a victimarios,

    eternamente repetidos.

                                     Eduard Monch

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  • En algún momento del día

    Quisiera saber que en algún momento del día

    no se a que hora

    pero por un instante me piensas

    Que me regalas unos granos

    en el reloj de arena de la memoria

    y por unos segundos necesitas mi mano

    o mi cuerpo entero

    Te tengo encerrada en las venas

    en el pecho que late a prisa

    en el pensamiento que sabe que no estas

    en estas ansias mías de ti

    en esta ansiedad tuya, no siempre por mi

    Otra vez regreso al cigarro

    que sabe a tu piel

    al cigarro después de ti

    y Yo con estas ganas de encerrarme,

    de perder el rumbo en tu mente

    Quisiera cerrar la puerta del olvido

    por la que me invitan a salir

    y quedarme dentro

    de forma definitiva

     Se que así, sólo así

    estoy seguro de que entonces

     me regalarías

              en un momento del día

    tal vez un minuto dentro de tus recuerdos

                                   Eduard Monch

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  • Invento que escribo

    Apareces detrás de todas las cosas

    como una sombra nacida del inconsciente

    deambulas por todos los espejos

    abriendo y cerrando puertas

    dejando el olor de tu piel en cada hendidura

    Entonces todo se escapa de mis manos

    destinos inconclusos se hacen prórrogas,

    el día siguiente

                    el otro

                               el otro

    la procesión continúa su marcha lenta

    hacia todas partes

    de rodillas, a gatas

    frente a altares que me olvidan,

     que extravío.

    Pero a veces, sólo a veces,

    la búsqueda dormita de vez en vez

    para dejarme en la vida de los que no sueñan

    de los que despiertan,

    comen, trabajan y duermen sin remordimientos,

    bajo un techo que lo sabe todo

    Hay otros días que duelen más

    otros que olvido y lloro,

    pero me niego al olvido,

    entonces me pongo a negar

     y a jugar que todo lo explico

    que nada me sorprende

    que las cosas se hacen y se deshacen a su libre antojo

    que te haces y te deshaces con ellas

    entonces me invento que escribo y vivo

    que vivo y escribo

                                           Eduard Monch

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  • Desde mi cama

    Hay hojas muertas bajo las sábanas

    noches enterradas bajo la almohada

    que resurgen como sueños de agonías

    eternas agonías, de lágrimas

    y lápidas pesadas como dudas

    Los silbatos de los trenes rasgan el silencio

    mientras las sombras me miran

    un ropero que no dice nada

    las paredes jugando el juego de retener

    sin contener

    Una cigarra perdida en el concreto

    me platica a lo lejos tu ausencia

    Me pregunto en dónde acabó tu piel

    en qué bocas te viertes hoy,

    mientras mi labios enmudecen

    y mis manos se aferran

     a un trozo de tu piel

    que pasó volando

    sin tocar mi cama

                                        Eduard Monch

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  • Inician y concluyen días

    Inician y concluyen días

    transcurren noches de silencio

    de morderme los labios

    queriendo alcanzar tu voz

    tus ojos, tus manos

           Busco  alguna palabra

    algún signo

    que le indique a mi cuerpo

    cuándo destrozar los ladrillos

    que separan a tus labios de los míos

    cuándo rellenar el vacio

    con el sabor de nuestra piel

     Cientos de moscos rondan mis pensamientos

    y ante cada  piquete

    la ansiedad se vierte en mis venas

    y la soledad se apodera de los sueños

                Te siento, te añoro,

    me propongo  

     asaltar tu mente

    y robar en definitiva

    toda  consciencia

    para guardarme en un rincón seguro

    dentro de tus recuerdos

    Para  revolver tus pensamientos

    hasta dejar tu cuerpo desnudo

    a merced de mis labios

    de mis manos

    Para extraviarnos

    en un abrazo infinito

    que nos  resguarde

    de los ojos

     y de la codicia del mundo

                                                                   Eduard Monch

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  • Hablaré de esa noche

    Hablaré de esa noche

    que viene de todas partes

    de dos noches sin dormir

    de alcohol vaciado

    de barriles de tormentas

    y nuevas esperanzas.

    Bocas que buscan desembocar

    en sueños

    en palabras para enamorar

    y soñar enamorarse

    Juego lento y dramático

    en que pensamos:

    todo caerá

    en hastió

    en  dolor

    y todo se derrumba

    Inicio súbito,

    bajada en picada

    para precipitar amor sobre las manos

    y regalarlo

    envuelto en besos y abrazos

    en un baile de obscuridades

    y desconocimiento de pasados

    Sólo manos

    sólo bocas que quieren ser manos

    sólo palabras que quieren ser bocas

    para conducir a dos personas a encontrarse

    un par de sentenciados

    ejecutados y desterrados

    de otras historias

    Mártires con capucha y hacha en mano

    condenados a encontrar

    para a la postre ser separados

    para acabar

    junto con el amor

    en un cesto

    degollados.

                       Eduard Monch

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  • Mañana de enero

    La mañana es una mezcla espesa

    de humo y neblina

    de una voz cada vez más lejana

    que se entromete

    por mis pensamientos

    La mañana llega sin avisar

    con un despertador lanzándome

    a la inquisición del día

    abriéndome paso de entre el escaso sueño

    para trastabillar de nuevo

    y dar de bruces contra el tiempo

    La luz aparece mientras me baño

    y no pienso en otra cosa

    que en salir corriendo

    de entre tanta puerta

    que me atrapa

     También llega con ruido

    recolectando angustia

    con el sonido de un camión en la esquina

    que  lanza sobre si mismo

    nuestro propios desperdicios

    Luego llega con horas de silencio

    ¡sólo  vaho saliendo de mi boca!

    y yo con ganas de hablar

    de este dolor

    de las ausencias

    de la mujer que me ignora

    de la niñas que me angustian

    del  amigo que me falta

    de la soledad que me carcome

    detrás de los oídos

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  • Una imagen del pasado

    En esta nueva historia, me pregunto:

    ¿Qué tanto se queda de uno mismo atrás?

    ¿Cuánto y quién me acompaña?

    Toda nueva aceptación es renuncia

     

    Puntos finales

    Puntos suspensivos

    juegan en el infinito de las oraciones

    de la vida de ayer, de hoy

    Luego de buscar por años

    aparece tu rostro

    con ojos de pasado

    con olor a tu cuerpo

    con sonido de palabras

    con la ventana que se enciende y se apaga

    a tu voz los domingos por teléfono

    a ese sentimiento de desvarío

    de incertidumbre

    De vuelta a la angustia de lo que no es

    de lo que no fue

    de la duda si algún día será

    ¿Por que el olvido no te entierra

    junto con ese pasado hoy inexistente?

    ¿Por qué sigues de pie

    entre los derrumbes de la memoria?

    no hay un solo día

    sin búsqueda

    sin la búsqueda de ti

    entre esta realidad

    en esta nueva ficción

    Quisiera abrir la puerta

    de esta distancia

    de este encontrarte

    ¡y tu sin saber que te he encontrado!

    Hoy la distancia abismal de la vida

    de todo lo que nos compone

    me llena de desesperanza

    de esta imposibilidad de ser,

    nuevamente

    la nada regresa con su cara de ausencia

    el vacío se apodera de este espacio

    no hay palabras

    otra vez el silencio

    hoy, otra vez

    la estupidez de la vida

    te deja de nuevo

    muy lejos

    muy cerca

                                     Eduard Monch

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  • Altamar

     Todo es noche

    el vacio en su forma mas absoluta

     se derrama, 

    la  nada

     vacía mis ojos dentro de su tumba

    Busco en esta obscuridad hallar el sentido

    la relación entre mi cuerpo y el movimiento

    entre la vida y esta eterna muerte eterna

     La luna juega a moverse, a bailar

    para destrozar toda referencia.

    Se aparece  eclipsada,

    nula

    muerta

    para dejar muerte. 

    En el camino dejo atrás olas

    que se enfilan para perderse

    en  el abismo de mi propio pasado.

    Busco para extraerte de un sueño

    para acercarte a mi,

    más allá de esta ficción incongruente, 

    que sólo dudas deja

    sobre la espuma de las estelas

    que quedaron a tu paso.

    De regreso en la obscuridad

    me freno con la realidad

    que escudriña bajo falsas esperanzas

    que ahoga

     hasta reventar mis ojos.

    La  vida sin sentido,

    dispuesta a entregarse,  sin excusa

    a la profundidad de los lamentos 

    Tus ojos yacían sobre el mar

    y en la tristeza  de mi soledad

    dentro de mi incapacidad de entendimiento.

    Tantas tardes luchando contra el viento gélido

    que me  empujaba hacia la baranda

    contra las noches que me lazaban al vacío

    y tu no aparecías en cubierta

    Vodka derramado por la lengua

    tristeza de todas las tristezas

    para luego encontrarte sola

    ahogada en un botella de ron.

    Te  vuelvo a buscar  y no te encuentro

    y  pienso que te hiciste de ola o de brisa

    aguardo hasta la aurora

    pensando encontrarte

    en esta nueva ciudad

    pero te fundiste entre espuma

    te fuiste con la mañana

    eras un sueño,

    que me contó al oido la luna,

    hecho de estrellas

    esperanza y soledad.

                                                   Eduard Monch

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