• Una imagen

    Todo el día se transforma en una imagen

    incrustada en mis ojos, en la  mente.

    Imagen

    que hace de mi sangre oleaje

    que arrastra por mis venas esperanza,

    que remueve de rincones olvidados

    ilusiones y pasiones ancestrales,

    que hace de los días un vaivén

     que sumerge a la espera y la distancia

    dentro de esta cercanía

    de ojos y cuerpos

    Otra vez la imagen perfecta

    tu cuerpo desnudo ante mis ojos

    tu sonrisa desprovista de antifaces

    Me acerco a ti, con mis labios en la mano

    para besar tu piel mientras te toco,

    para tocarte mientras mi boca se llena de ti.

    De nuevo nuestra piel flotando,

    volando en la obscuridad

    de nuestros ojos cerrados

    abrimos puertas y ventanas

    para que todo flote

    para que todo cambie

    porque queremos que afuera

    se haga adentro

    para poder flotar por la ciudad

    mientras todos aguardan encerrados

    mirando desde lejos

    como dos estrellas

    se fugan de la noche, de los días

    para iluminarse a si mismas por un momento

                                         Eduard Monch

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  • Descubrir tu piel

    Descubrir tu piel

    que yace oculta bajo años de espera

    recorrer, besar, morder

    sorber lenta y pausadamente

    licores de inocencia

    regados entre tus muslos

    en tu senos

    en tu espalda

    Volar desnudos, entregados,

    sorteando nubes de tormentas futuras,

    para continuar entrelazados

    en una vida que se renueva

    en el sabor de tu cuello

    en la ilusión de tus labios

    No hay más mundo

    No hay mas cielo que tus manos y tu boca,

    premio a la espera entre tantos besos frustrados

    El devenir de los días bajo tu mirada

    bajo mi mirada que se hace manos sobre tu cuerpo

    para recorrerlo sin conocerte

    descubriendo quién eres tu tras el deseo

    quién soy yo, contigo entre mis días

    Fundir en un abrazo esperanza y lamentos

    para de nuevo tomarte

    Jugar a quedarme en ti

    unidos en una danza que apela

    por un momento a la eternidad

    La distancia se diluye entre sudor y besos

    mientras los sentidos se desbordan

    y bailan y ríen y lloran

    Hasta que los sueños se derraman

    por la orilla de la cama

    y te beso y te abrazo

    para dormir el sueño de los que lo conocen todo

    de los que pudieron contener

    la vida, la esperanza,

    por un instante entre sus brazos

                                              Eduard Monch

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  • Incertidumbre

     Las manos acalambradas, entumidas,

    con el temblor de la indecisión

    viajando desde las yemas de los dedos

     hasta la cabeza.

    Sólo tengo este silencio profundo

    entre mi lengua y mi consciente

    entre mi mano y tus ojos.

    ¡No quiero saber de nada!

    el mundo no me contiene

    el mundo se hace ruido

    de palabras, de risas, de pasos 

    que caen en mis oídos

    para derramarse sobre la ausencia

    y escurrir gota a gota en pasado.

    Quiero cambiar todas las historias

    retomar los senderos ocultos

    olvidados tras la maleza de la costumbre.

    Reparar las puertas desvencijadas

    reconstruir los andamios

    para que se unan de nuevo nuestros labios.

    Cambiar la búsqueda constante

    por la paciencia eterna.

    Adormecer por un día

    este motor de incertidumbre

    y confiar de nuevo

    que duermo en tus brazos

    sin reminiscencias de incertidumbre

    solos, de nuevo solos

    con la lámpara de la esperanza

    encendida en el buró,

    mientras nuestros brazos se re encuentran

    y aprenden a soportar,  una vez más,

    la embestida diaria de la vida.

                                            Eduard Monch

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  • Adiós a los lamentos

    Quiero hablar, gritar

    del cansancio de mis oídos ante los lamentos,

    frente  a los odios contenidos

    por tanta gente que a diario me habla.

    No quiero escuchar ni una sola palabra.

    quiero bocas cerradas

    silencio puro y absoluto

    Me cansan las lágrimas ajenas

    los enojos del mundo con la vida

    Estoy harto de las quejas,

     no quiero quejas, ni lloriqueos

    quiero que por un día todos se alegren

    que tomen a la vida por los cuernos

    la sienten a su lado

    y brinden con ella hasta embriagarse

    y bailen con música de gaitas

    hasta terminar abrazados en la banqueta

    o discutiendo con ella sobre futbol en algún camellón

    Me gustaría que por un día

    esas personas que me circudan

    se sientan vivas

    con todo y sus penas

    con todo y sus muertos,

    con esos muertos

    que nos muestran cuan vivos estamos,

    con el dinero que falta

    con los temblores y las olas gigantes

    con la crisis, con todo

    alégrense de todo y de nada

    de ser ustedes,

     aunque sea sólo por un día,

    con eso me basta

    para desear de nuevo escucharlos.

                                   Eduard Monch

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  • Todo se pierde

     Junto con el tiempo se pierden días y noches,

    en que la mente enclaustrada,

    tras los barrotes del pensamiento,

    se funde en si misma, se olvida.

     Todo se pierde,

    hasta la misma muerte se extravía,

    deja que los viejos mueran tarde,

    mientras se pone a lanzar casquillos al aire

    para guardar en su costal de polvo y hierba

    miles de niños y jóvenes de a diario.

     He perdido un amigo tras otro

    una vida tras otra

    Hasta los árboles se quedan sin bosque

    extraviados entre parques y camellones

    Miles de besos yacen en pantanos oscuros,

    cansados de esperar unos labios, una boca.

     México se me pierde

    en la ausencia de consciencia,

    en la noticia diaria

    que marca la cuenta sin cuenta

    que va de fosa en fosa

     La felicidad se escapó  ayer

    con el primer infeliz que se encontró.

    Mi mujer se extravió entre la maleza

    que creció entre los  años de futuros mal cuidados.

    Así, todo se me pierde

    o me pierdo y nada queda,

    excepto tu,

    que apareces en la prisión de mi mente

    y te quedas de nuevo en mis ojos

    como ficción

    como ilusión

    ¡Que se siga perdiendo el tiempo!

    ¡que se pierdan los días y los muertos!

    ¡Pero tu no te pierdas!

    Porque aunque la vida parezca ausentarnos

    se que si te quedas

    algún día de tu mano partiré

    para quedarme con tu cuerpo entero

    no se si por años o por horas o por días

    o por ese tiempo, que algunas veces, se hace años

                                                                   Eduard Monch

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  • Ansiedad contenida entre dientes

    Cuanta ansiedad contenida entre dientes y manos

    dolor entre tu silencio y el mío

    meses que se van haciendo años

    manos guardadas en los bolsillos

    soñar que te beso y te toco y te llamo

    como a una imagen extraviada en la adolescencia.

    Pero hoy tiemblan mis manos,

    una nueva crisis de ansiedad se mezcla

    con estas mis ganas de todo y de nada

    de regresar y traicionar al tiempo

    o acelerarlo hasta gastarlo

    y detenerlo en un instante de mejores esperanzas.

    La esperanza retorcida se hace palabra

    espera

                  ansia

                              esfera

                                            estela

    aguardar ante todo aquello que se aplaza

    observar los días

    mientras el carmesí del dolor

    deja embarrada tu ausencia

    sobre mi piel inerte.

                                Eduard Monch

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  • Indecisión

     Hoy las cosas no caminan

    los pensamientos se han quedado cojos

    las letras perdieron sus patines

    y los ojos se frenaran contra el concreto

    de las paredes.

     Pienso que te busco y no te encuentro,

    que necesito un poco de tu voz

    y de ese tu silencio en donde siempre caben mis palabras.

     Pero hoy los teléfonos no transportan sonido alguno,

     ni los diálogos acercan besos.

    La carretera de tus manos esta bloqueada,

    ni siquiera los niños dan hoy sus primeros pasos.

    Todo es quietud,

    tu voz se queda sin sonido dentro del vacío

    y no hay principio o final,

    la vida finge moverse a miles de años luz

    desde este punto donde la miro.

    Las ruedas se hacen cubos,

    los trenes se funden en sus propios rieles

    los aviones de los sueños han decidido no despegar.

    Aún las mismas ganas de encontrarte

    permanecen inmóviles

    pero no me puedo mover para salir de este agujero

    para cambiar de una vez por todas el rumbo,

    y todo se mantiene quieto;

    será que todo está en manos de la indecisión.

                                                              Eduard Monch

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  • El vacío del pecho crece

    El vacío del pecho crece

    se expande como plaga

    que recorre el interior,

    se extiende bajo la piel

    como hiedra sobre paredes de piedra.

    Esta sensación de ausencia

    me deja sin lengua

    en silencio

    incapaz de articular palabra,

    hasta las emociones más intensas

    se alojan ocultas

    sin diálogos,

    sin carreteras

    que conduzcan a un abrazo

    o una caricia de consuelo.

    Suponemos  que nadie necesita saber nada

    y entonces nos asimos de nuestra propia vida

    para irnos navegando solos,

    solos en el velero del azar

    pensando que el destino soplará

    para arrastrarnos lejos de toda tristeza

    Somos de nadie

    y de nada me lleno

                       hueco

    vacío

    sólo con membranas de emociones

    vibrando.

    El sueño penetra por mis ojos

    con este hastío ante la espera,

    cansancio,

    de todos, de todo.

    Mi cuerpo se abre desde dentro

    duele, se quiebra

    y el pensamiento es incapaz

    de seguir soportando

    tanta ausencia

    tanta tristeza

    Entonces me invento que existes

    que no lloro y canto

    y que mañana me rellenaré

    de algodón puro y esperanzador

    y que el día se irá para traerme otro

    seguramente mejor,

    en el que finalmente

    volveré a tomar tu mano

    en el que finalmente,

    como una sobre dosis de sueños,

    mi vació se llenará otra vez de ti

                                          Eduard Monch

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  • Desperté queriendo alcanzar tu cuerpo

    Desperté queriendo alcanzar tu cuerpo

    arrancarlo del sueño e incrustarlo

     en estos días de ausencia.

    Humedecí mis labios

    con ganas de abandonarlos  lenta,

    tranquila  y pausadamente

    en cientos de besos sobre tu piel infinita.

    La mañana llegó con esta ansiedad

    por cobijarme en tus manos

    y resguardarme del tiempo

    y guardarme sin tiempo

    lejos del barullo de la vida

    de las noches sin sentido.

              De soñar y no tenerte

    me voy haciendo

    de la arena de tu cuerpo

    que se escurre entre mis dedos,

    de labios clausurados

    por esta distancia insondable.

    Amaneció sin ti,

    como siempre,

    pero hoy pensé que tal vez,

    luego de esta larga espera

    aparecerías,

    no se si renovada,

    pero si, con ganas de desnudarnos,

    y despojados de toda realidad:  

                                    callar

    mientras miramos el abismo apacible

    de nuestros cuerpos 

    en el momento justo después del amor

                              Eduard Monch

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  • Recuento con ajenjo

    Los pies fríos anudados a los zapatos

    pasos que se dan a obscuras

    entre la maleza que crece

    por los días que esparcen sueños

    como abono de tristezas futuras.

    Una vela inunda de amarillo los ojos

    mientras trato de retenerte

    de abrazar mientras quiero recordar

    ¿cómo eras?

    ¿cómo cabía el mundo entre los dos?

    Gotas resbalan sobre agua

    te llamo, grito tras de un cristal

    al que me lanzo como a un mar que me desgarra

     y en su reflejo

    contra la ausencia de tu voz me quiebro.

    Besos con sabor a besos

    cuerpos sin sudor de cuerpos

    Esperanzas esparcidas por reguiletes

    que dejaron de ser molinos

    apenas regando en nuestros labios

    el silencio y la ausencia en que te pierdes.

    Sueños de muertos por distancias

    y otra noche mas sin tus brazos

    Miedos se mudan del pasado

    para mirarme como al hermano

    que creían caído en batalla.

    Recoger besos por las calles

    de esos que nadie envía

    de los que uno inventa

    para saborear sorbos de vida

    Recolectar miradas entre tumbas

    creyendo que las muchachas  tras  los cristales

    son promesas de permanente adolescencia.

    Brincos de una acera a otra

    de senos como cielos extraviados

    a caricias sembradas en la infancia

    y diluidas por las lluvias sobre las paredes de la piel

    que dejan a su paso terrenos secos y agrietados.

    Muecas y oídos de serpientes

    se anudan en mis ojos

    despidiendo palabras sin labios

    Construyendo barcos sin pañuelos blancos

    y horizontes que se funden

    en negros infinitos.

    Más y más noches de risas

    que se desprenden de sueños

    de prisas matutinas que concluyen

    en un portazo sin un beso.

    Cafés más oscuros y fríos

    en tazas ajenas con sabor a ajenjo

    Poemas repetidos de cosas que cuento

    como cuentos incomprensibles

    llenos de recuentos.

                                   Eduard Monch

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