Tomar el primer respiro del día,
cuando la alarma dice:
“no más sueños”.
Una vaga melancolía invade la mañana.
Calles empapadas por la lluvia,
neblina golpeando las bardas de las casas.
El pasado queda tras las montañas,
agazapado,
caminando ya en sentido contrario.
Analizo hueso por hueso,
emoción por emoción, para entender,
para no suponer que todo es tristeza.
Tal vez sea la canción
que trepó por mis oídos.
Hoy busco, con los ojos cerrados,
respuestas,
vacíos,
historias olvidadas
que me hagan entender.
Ya no quiero comprender a nadie,
ni a todos,
solo hallar mis propias respuestas:
reconocer cada emoción,
cada tristeza,
enojo
o miedo.
A diario despierto
con este nuevo día,
con un entusiasmo recién nacido.
Reconozco que la añoranza no es amor,
y que la mente
nos olvida por años,
en bucles de comodidad
bardeados por falsas ilusiones,
donde el temor
juega a meternos el pie
cada vez que intentamos salir.













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