Todo estaba congelado. Los árboles repletos de carámbanos, los pastizales helados, cencellada sobre ojos y corazón que los hacía quebradizos y dubitativos.
Me había resignado a permanecer inmóvil, congelado a diario, mientras ella montaba su espectáculo: una mascarada entre sábanas, en un cuarto blanco, frío, olvidado por la felicidad.
Cuerpos desnudos, vacíos que quieren rellenarse mientras solo se hacen más profundos, más vacíos. Los perros devoraban papeles, todas las historias borrosas que se quedaron por siempre bajo su lengua.
Le dejo su vacío, con sus ausencias, su insatisfacción y un insomnio kármico que agitará su cama durante miles de madrugadas.
Me cansé de los funerales, de perderla entre tanta gente, entre tantos otros brazos en que se refugiaba buscándose. Le digo adiós a los duelos, a las falsas creencias en que se justificaba.
Los carámbanos se van haciendo agua, mi mente sale de su letargo, la neblina se levanta y la escarcha finalmente me abandona.
Dejo todo aquello que inventó, su rol dramático bajo el cielo gris. De un giro le doy la espalda a la falsedad de sus historias.
Se borran las fotos. Su sexo repartido. Se terminan las canciones. El pasado deja de insistir.
Aquellas viejas fotos de la playa, de la ciudad, de los restaurantes, se extraviaron en la nube. No en la que promete guardarlo todo, sino en esa nube polvorienta de la tormenta de arena que el ayer desató.
El pasado es hoy una delgada escarcha: que cae sobre la piel al amanecer y se derrite con el primer golpe de sol.
Se termina el año. Ya no busco—ni pienso—en tus labios antes de dormir. Ahora la vida me sabe a mandarina, a caminar en paz bajo la luna con mi perro, a las tardes de yoga, a una vuelta en moto mientras dejo que el pranayama haga su labor secreta.
Meses de terapia para entender que, en un par de lunas, sin abrirte la puerta, mi mente empezó a despejarse. Mi piel se soltó, por fin, de las escamas que tu sombra dejó.
Hoy celebro tu ausencia: paz servida en una copa de tinto al final de la jornada, plenitud tranquila, este amor propio tan nuevo y tan a gusto.
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