La patita y su caparazón

Había una vez
una dulce patita
que escribía versos
y tatuaba el agua
con su cintura.

Creaba constelaciones
e ilusione acuáticas.

Un día
encontró el caparazón
vacío de una tortuga.

Se metió
y se sintió segura,
aunque caminaba lento.

Se sintió tan protegida
en su verde coraza
que se fue cerrando
poco a poco,

hasta olvidarse de mí.

Todavía,
me regalaba un “hola”

de vez en cuando.

Edu Monch Edumonch

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