Días de nubes grises y blancas,
de claros
por donde el sol se cuela,
viento frío contra el rostro.
Deliciosa soledad
en el asiento de una moto.
Lluvia.
Huir ya no es opción.
Seguir de frente
entre calles anegadas,
mientras vidas en contraflujo,
en autos, salpican
como si compitieran
por hacer olas.
Pero hoy ya no se trata
de enfrentarme a las olas
ni a las salpicaduras.
Hoy basta
con hacerme a un lado,
dejar que las personas
continúen su lucha.
Al final,
ellas van
hacia allá,
de donde yo vengo.




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