He conocido a quien prefiere dormir
a quienes huyen,
y otros, como yo,
nos sentamos
a dialogar con el dolor
Me quedo
solo,
con la vista fija,
el vaso frío
de un Grey Goose
entre los labios,
Pink Floyd derritiéndose
en mis oídos,
converso conmigo,
sonrío,
recuerdo,
y me pregunto.
Brindo
por tantos adioses
regados como polvo
de estrellas,
cuerpos
que se vaciaron
entre mis manos.
Por las mujeres
que a la distancia
se disfrazaron de estrellas,
de galaxias enteras,
hasta que descubrí
que eran solo cometas
dibujando elipses
por el universo.
Digo “salud”
por mi corazón kintsugi
que se reparó
con oro y caucho,
para no quebrarse,
para rebotar.




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