A Gal
Entre abril y mayo
la vida se decantó
como agua
sobre arena desértica.
Donde vi un oasis
encontré un hermoso espejismo.
Llegué sediento
tras caminar por años
entre cactáceas inamovibles
que repartieron
espinas sobre mi piel.
En aquel vergel
me extraviaba por las noches,
bajo cielos galácticos,
besos repartidos
entre lunares
y la sensación terrestre
de haber encontrado.
El agua sobre su cadera
era clara.
La frescura de sus labios
restauraba mis labios quebrados.
Dos cuerpos,
separados por los años,
se hallaban
en medio de la nada.
Canciones nocturnas,
cigarras,
un ave extraviada
que inspiró
versos sin dolor.
No conté los días,
pero recuerdo que el invierno se iba
y la primavera
dejaba de ser olvido.
Tras el eclipse de luna
llegó la mañana
Mi boca seca.
Otra vez los labios quebrados
por el beso de la soledad,
poemas polvorientos
sobre su piel.
El polvo estelar
se hizo arena
por donde se filtró
la vida sin darnos cuenta.
Mentiras,
como cardos rusos
rodando por el horizonte
El oasis se evaporó,
sus palabras
se fundieron en sueños,
fósiles de una historia
adheridos a la mente.
Y el sonido del viento
soplando,
un bello réquiem desértico
por lo vivido.




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