Mirando el pavimento
Pensé en que se fue julio sin poemas.
Líneas discontinuas
como días,
sin labios,
sin aquella piel de estela
que jamás toqué.
No me alcanzaron los días
ni las noches
para terminar de acomodarlo todo.
Hay meses más materiales,
otros etéreos.
Dos años de decisiones.
De fuego consumiendo
álbumes de fotos,
dejando cenizas del pasado
en la tarja de la cocina.
Hoy la soledad se siente menos sola.
El verano se agota
y se lleva fechas que no volverán,
que recordé, tal vez,
por última vez.
Con un «no» cerré la puerta.
Me despedí.
Me hice ventana frente a la lluvia:
un lado a la intemperie,
el otro, en silencio,
desde adentro.
Julio fue una estancia
con chimenea
y gin.
No perseguí respuestas,
ni personas,
ni nuevos mundos.
Aprendí a aguardar
y a decir adiós.




Deja un comentario