La vida sabe a hollín
por todas las historias quemadas
ahumadas en la hoguera de los días
No vemos
no respiramos
sólo sudor recorriendo la frente
el pecho
caminar a ciegas
dando tumbos
entre cuerpos tendidos
Todo es obscuridad
bajo el humo asfixiante del presente
en donde manos y pies
tropiezan con los pensamientos
hasta perder toda referencia
olvidando por donde entramos
cómo llegamos aquí
La salida, aunque desconocida,
es un lugar que a diario me invento
es un sueño eterno
que arde
entre las brazas
de la cotidianidad
Eduard Monch


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