Encierro en melancolía
en días de piedra errante
amor, promesas que parten
sueños en alcantarillas
pretérito sin salida
Atado por la desgana
con tres esperanzas vanas
silencio para morder
lamentos por esconder
y vida por devanar
Edu Monch

Encierro en melancolía
en días de piedra errante
amor, promesas que parten
sueños en alcantarillas
pretérito sin salida
Atado por la desgana
con tres esperanzas vanas
silencio para morder
lamentos por esconder
y vida por devanar
Edu Monch
La tarde fría y su cansancio
memoria y canciones derramadas
como oscuridad de días ancestrales
sobre sueños malogrados
otro crepúsculo infinito
que no camina
sumergido en un hoyo de olvido
siempre repetido
reloj marcando segundos,
golpes de cincel
en el atardecer de mi vida
necesito de ti
pero entre tu y yo hay un río
de silencios y ahogados gritos
de manos que hoy no se alcanzan
brazos extendidos nadando en el vacío
dejando sólo nuestros dedos
que quieren tender lazos sobre pantallas
Me ahogo en el fondo de mi
mirando lo que no sé mirar
sintiendo aquello que sentía
una y otra vez,
una y otra vez
hasta que llega por fin la hora
de largarme de la oficina
Edumonch
La mañana queda muda
incertidumbre que crece
desvanece cuerpo, mente,
abandono de la duda.
pasado que confabula
Lengua hecha de silencio
lengua acha del silencio
que parte en dos mi vida
pausa-sueño sin salida
curso-muerte que sentencio
Edumonch
En las mañanas tu mano
tu cuerpo que ya no parte
ojos, piel que todo abren
labios en que me derramo
Bajo sábanas hurgando
oscuridad y encuentro
un sueño en ti despierto
y siembro una esperanza
de la que pendo, balanza
hasta alcanzar tu pecho
Edu Monch
No es de tu labios
de lo que me ausenté en estos días
es de la mano que se extiende
y encuentra almohada y sabana
que tu cuerpo entibian
No es de tus ojos
de los que salí por unos días
es de la mirada que siempre encuentra
y hoy acaba vacía por las calles
sin sentido
sin sentidos
sin ti
Es del dulce de tu pecho
de tu cuerpo tibio
de tu mirada
y tu vientre alivio
de mis refugios,
donde por hoy
no estoy
Es la distancia
y su marca
tatuada en mi pecho
en el lecho,
las que gritan
y se estampan
contra todo del día
sobre cientos de caras vacías,
para decir
en esta noche
de calles anegadas
que simplemente
no estás
Edumonch
De ti y de mi
no hacemos uno,
de ti y de mi
hacemos dos
justo ahí
el milagro
Edumonch

Y la hoja se quedó en blanco
mirando al vacío
pensando si a el lanzarse
o esperar
y agonizar en su propio silencio
Edumonch

Puedo desistir de este empeño
de querer volver a tener una vida normal
y seguir el padecer diario, el desvelo
por pretender alcanzar lo que ya no hay
continuar mi obstinado capricho por un salario
buscar monedas a cambio de mi reverencia
de mi silencio ante la necedad
y ante la prepotencia
de esos que se hacen llamar dueños
patrones
jefes
de vidas
de empresas
destinos
Hoy en cambio, quiero sentir el pasto bajo mis pies
inundar mis ojos con árboles
llenar mis oídos de viento y trinar de pájaros
no quiero más esta vida de futilidad
mandemos al carajo repetir historias
a la mierda el horario diario
la sonrisa fingida al llegar a la oficina
la vida en un contenedor para microondas
quiero mi vida de vuelta
que el reloj devueltas por el caño
adiós conversaciones vacías
y a meter las órdenes por su coño
Abrir el cajón del escritorio de los sueños
lleno de hojas en blanco
con poemas e historias por imaginar
y uno que otro negocio por inventar
Voy a mandar a la mierda este empleo
y probablemente me llenaré de angustia
por el qué vendra
por la colegiatura de las niñas
por la comida
por el auto
y entonces
de bruces contra el piso
seguro algo se me ocurrirá
Edumonch
Hay tres vidas que me han servido de motor y que me han permitido mantener la esperanza de algún día dedicar mi tiempo y vida este arduo, inconstante y por momentos olvidado que hacer poético.
Aunque el primero fue Neruda, en realidad, esta publicación es en referencia a otros dos poetas que admiro y me mantienen soñando: Benedetti y Bukowski, quienes tuvieron la necesidad de trabajar como empleados durante muchos años para posteriormente poder dedicar su vida a eso que llamamos «escribir».
Yo he vivido tendiendo esa misma necesidad, maldita necesidad de comer, vestir y darnos placeres, aunque probablemente todo vino de aquella capacidad que tenia mi padre para grabar frases, en el interior del craneo: » y si primero te dedicas a trabajar y luego a escribir». La cual se quedó repetida una y otra vez en mi mente y sigo sin encontrar cuándo llegará el «luego» y entre tanto continúo trabajando. De hecho estoy escribiendo esto desde un escritorio, en una oficina, desde la cual me rento para crear estrategias publicitarias.
Bueno la idea era publicar esta famosa carta de Bukowski que siempre me ha resultado alentadora, aunque por momentos admito que también desalentadora
12 de agosto de 1986
Hola, John:
Gracias por la carta. A veces no duele tanto recordar de dónde venimos. Y tú conoces los lugares de donde yo vengo. Incluso las personas que intentan escribir o hacer películas al respecto, no lo entienden bien. Lo llaman “De 9 a 5”. Sólo que nunca es de 9 a 5. En esos lugares no hay hora de comida y, de hecho, si quieres conservar tu trabajo, no sales a comer. Y está el tiempo extra, pero el tiempo extra nunca se registra correctamente en los libros, y si te quejas de eso hay otro zoquete dispuesto a tomar tu lugar.
Ya conoces mi viejo dicho: “La esclavitud nunca fue abolida, sólo se amplió para incluir todos los colores”.
Lo que duele es la pérdida constante de humanidad en aquellos que pelean para mantener trabajos que no quieren pero temen una alternativa peor. Pasa, simplemente, que las personas se vacían. Son cuerpos con mentes temerosas y obedientes. El color abandona sus ojos. La voz se afea, el cuerpo, el cabello, las uñas, los zapatos. Todo.
Cuando era joven no podía creer que la gente diera su vida a cambio de esas condiciones. Ahora que soy viejo sigo sin creerlo. ¿Por qué lo hacen? ¿Por sexo? ¿Por una televisión? ¿Por un automóvil a pagos fijos? ¿Por los niños? ¿Niños que harán justo las mismas cosas?
Desde siempre, cuando era bastante joven e iba de trabajo en trabajo, era suficientemente ingenuo para a veces decirle a mis compañeros: “¡Eh! El jefe podría venir en cualquier momento y echarnos, así como así, ¿no se dan cuenta?”. Ellos lo único que hacían era mirarme. Les estaba ofreciendo algo que ellos no querían hacer, entrar a su mente.
Ahora, en la industria, hay muchísimos despidos (acererías muertas, cambios técnicos y otras circunstancias en el lugar de trabajo). Los despidos son por cientos de miles y sus rostros son de sorpresa:
“Estuve aquí 35 años…”.
“No es justo…”.
“No sé qué hacer…”.
A los esclavos nunca se les paga tanto como para que se liberen, sino apenas lo necesario para que sobrevivan y regresen a trabajar. Yo podía verlo. ¿Por qué ellos no? Me di cuenta de que la banca del parque era igual de buena, que ser cantinero era igual de bueno. ¿Por qué no estar primero aquí antes de que me pusiera allá? ¿Por qué esperar?
Escribí con asco en contra de todo ello. Fue un alivio sacar de mi sistema toda esa mierda. Y ahora estoy aquí: un “escritor profesional”. Pasados los primeros 50 años, he descubierto que hay otros ascos más allá del sistema.
Recuerdo que una vez, trabajando como empacador en una compañía de artículos de iluminación, uno de mis compañeros dijo de pronto: “¡Nunca seré libre!”.
Uno de los jefes caminaba por ahí (su nombre era Morrie) y soltó una carcajada deliciosa, disfrutando el hecho de que ese sujeto estuviera atrapado de por vida.
Así que la suerte de haber salido de esos lugares, sin importar cuánto tiempo tomó, me ha dado una especie de felicidad, la felicidad alegre del milagro. Escribo ahora con una mente y un cuerpo viejo, mucho tiempo después del que la mayoría creería en continuar con esto, pero dado que empecé tan tarde, me debo a mí mismo ser persistente, y cuando las palabras comiencen a fallar y tenga que recibir ayuda para subir las escaleras y no pueda distinguir un azulejo de una grapa, todavía sentiré que algo dentro de mí recordará (sin importar qué tan lejos me haya ido) cómo llegué en medio del asesinato y la confusión y la pena hacía, al menos, una muerte generosa.
No haber desperdiciado por completo la vida parece ser un logro, al menos para mí.
Tu muchacho, Hank.
Poesía es un lugar de mi menteen el que habitas
en donde yace tu cuerpo desnudo
sobre sabias derramadas.
Es tu pecho de trinchera
que se hace dulce de leche
entre mis labios
Son los días de necesitarte
en que mi cuerpo reclama tu vacío
y mis manos no alcanzan
a llegar más allá de tu espalda
Poesía es cuando, finalmente,
sin explicación alguna
luego de días de espera
finalmente
nuestros cuerpos
vuelan enlazados
más allá de la nada
Edumonch
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