• El estanque

                                                               La muerte es un hueco

    justo ese espacio en donde

    se deposita nuestro corazón

    Ayer pensé en como se escucharía la muerte

    será como sumergir la cabeza dentro del agua

    y escuchar apenas voces y murmullos que revotan,

    que se alejan,

    haciendo un sonido hueco

    como tumba

    que viaja por los oídos.

    Me puse a escuchar desde la muerte

    durante algunas horas me sumergí

    en el líquido viscoso de la ausencia.

    Entonces  ayer, igual que ante ayer

    morí un poco

    demasiadas pérdidas

    me paso la vida

    lanzando días como piedras

    a un barranco

    personas como ramas

    al fondo

    al estanque de ajolotes y renacuajos

    Tantos adioses

    tanto que se va

    solo me voy quedando

    sólo me voy quedando

    con mi tristeza

    mis angustias

    mi dosis diaria de optimismo

    de manos

    de cuerpos

    de olvidos

    de indecisiones

    no se como arreglarlo todo

    saber que renazco a diario

    con un pedazo

    más de memoria

    pero con un hueco más en el cuerpo

    en los brazos

    soy  mi propia consecuencia

    esta mal formación del presente

    llamada “yo”

                         Eduard Monch

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  • Sequía

    De las ramas se desprenden las últimas hojas

    los frutos finales,

    ramas desvencijadas

    por tantos adioses entre dichos.

    Ni la costumbre ni la constancia regresaron

    la sequía de palabras,

    tanta ausencia de primaveras

    lo dejaron seco.

    Las aves partieron

    los insectos se olvidaron

    él no volvió a sentir

    ni siquiera al viento pasear entre sus ramas

    Sólo quedaron estas ganas de tumbarse

    de derribarse sobre la hierba

    de pegar sus oídos a la tierra

    para escuchar de nuevo

    el crujir de los años

    sin decir palabra alguna.

    Volverse de nuevo al principio

    regresar a la tierra y repartirse,

    esparcirse por el aire

    en diminutas astillas

    que el mismo polvo olvide

    Todo cruje

    y en un grito

    en un estallido

    en un estallido como grito

    todo se quiebra

    un adiós interminable silencia al viento

    dieciocho anillos ceden bajo la débil corteza

    mientras las ultimas gotas de sabia

    escurren por su tronco

    por sus ramas, por sus ojos

    y entonces no queda nada,

    nada

    nada

    Eduard Monch

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  • Fantasmas bordean

    Fantasmas bordean

    los límites entre el pasado y el presente

    se alojan en esta mi boca

    que no quiere callar

    que no tiene ganas de ser prudente

    que pregunta

    que reclama

    que no deja que nada ni nadie

    turbe su propia tempestad,

    salvo su consciencia misma.

    No quiero dar respuestas

    quiero hacer preguntas

    saber

    conocer

    no quiero situar mis días

    mi vida, en un vocablo

    contener relaciones

    pasiones, ausencias

    dentro de una sola palabra

    Nos componemos de momentos

    de casusa perdidas

    de grilletes que amores

    pasados y presentes

    han dejado en nuestras muñecas

    Somos todo y nada

    signo que camina por las calles

    Si todo pudiera contenerse

    en una sola palabra

    ¿que caso tendría escribir estos versos?

    ninguna palabra basta

    para contenerlo todo

    salvo la misma «vida»

    Eduard Monch

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  • ¡A callar metrallas!

    Como empezamos a hacer

    a deshacer muertos

    a callar armas

    a doblar insignias

    Por unos días

    que se callen las metrallas

    que duerman los asesinos

    que mueran en definitiva

    los violadores de ideas

    los secuestradores de calles

    Miles de almas vuelan

    rondando el cielo

    formando nubes rojas

    infestado de gritos

    alaridos

    los ojos y los oidos,

    incienso, pólvora y sangre

    es el olor de nuestros

    basureros municipales.

    Todo es adiós

    despedida.

    Desde hace cuatro años

    partió la paz

    pero ayer,

    murió asesinada la confianza.

    cayó ensangrentada en la banqueta

    con ella se doblegó la infancia

    con ello, finalmente,

    se desangró la esperanza.

                                   Eduard Monch

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  • El sabor de tu cuerpo

    En mis labios

    el sabor de tu cuerpo,

    tu piel en mi aliento

    me lleno de olores

    de sabores

    de flores exparcidas en tu piel,

    en medio de un altar al amor

    nuestros cuerpos se unen

    y al unirse

    nos hacemos aire

    suspiro

    último aliento;

    te haces sorpresa

    entre mis manos,

    la existencia y nuestras piernas

    se enlazan

    en un batalla infinita

    por sentir

    por saber,

    cuerpos penetrados 

    desnudos

    abiertos 

    con almas enlatadas

    que buscan salidas,

    bebo deseo

    de tu vientre 

    la esperanza

    se aglutina en la puerta

    hasta que juntos exhumamos tristezas

                                mundos

    de nuestro interior más profundo;

    y solos, nos quedamos solos

    contenidos uno en el otro,

    en silencio,

    entre olor a sexo

    flores

    y amor que se diluye

    en cera derretida

                                Eduard Monch

  • Olvido

    El olvido se conforma, se constituye de ausencias

    se hace de piedras que  uno encima

    tatuadas con nombres

    con momentos

    Estamos hechos para olvidar

    para ausentarnos

    de la vida de los demás

     con la opción de re aparecer

    súbitamente

    derribando ladrillos y muros

    como si todo se tratara de reiniciar,

    pero el olvido se empecina

    abraza nuestra mente

    nuestro cuerpo

    y así  decide

    conferirle olvido a las personas

    a las cosas

    a palabras que antes construían puentes

    y hoy dejan  abismos

    vacios

                                 ausencias

    hoyos de promesas

    que rodean

    y se aglomeran 

    sobre lo que se hace historia

    para elevar a la tristeza

    por sobre este presente incierto

    y dejarnos pensando

    sentados olvidando

                               Eduard Monch

    Una respuesta a «Olvido»

    1. Avatar de poetryandphoto

      «Para el olvido no eres más que un cuerpo inherte yaciendo en el techo de mi mente»

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  • Una imagen

    Todo el día se transforma en una imagen

    incrustada en mis ojos, en la  mente.

    Imagen

    que hace de mi sangre oleaje

    que arrastra por mis venas esperanza,

    que remueve de rincones olvidados

    ilusiones y pasiones ancestrales,

    que hace de los días un vaivén

     que sumerge a la espera y la distancia

    dentro de esta cercanía

    de ojos y cuerpos

    Otra vez la imagen perfecta

    tu cuerpo desnudo ante mis ojos

    tu sonrisa desprovista de antifaces

    Me acerco a ti, con mis labios en la mano

    para besar tu piel mientras te toco,

    para tocarte mientras mi boca se llena de ti.

    De nuevo nuestra piel flotando,

    volando en la obscuridad

    de nuestros ojos cerrados

    abrimos puertas y ventanas

    para que todo flote

    para que todo cambie

    porque queremos que afuera

    se haga adentro

    para poder flotar por la ciudad

    mientras todos aguardan encerrados

    mirando desde lejos

    como dos estrellas

    se fugan de la noche, de los días

    para iluminarse a si mismas por un momento

                                         Eduard Monch

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  • Descubrir tu piel

    Descubrir tu piel

    que yace oculta bajo años de espera

    recorrer, besar, morder

    sorber lenta y pausadamente

    licores de inocencia

    regados entre tus muslos

    en tu senos

    en tu espalda

    Volar desnudos, entregados,

    sorteando nubes de tormentas futuras,

    para continuar entrelazados

    en una vida que se renueva

    en el sabor de tu cuello

    en la ilusión de tus labios

    No hay más mundo

    No hay mas cielo que tus manos y tu boca,

    premio a la espera entre tantos besos frustrados

    El devenir de los días bajo tu mirada

    bajo mi mirada que se hace manos sobre tu cuerpo

    para recorrerlo sin conocerte

    descubriendo quién eres tu tras el deseo

    quién soy yo, contigo entre mis días

    Fundir en un abrazo esperanza y lamentos

    para de nuevo tomarte

    Jugar a quedarme en ti

    unidos en una danza que apela

    por un momento a la eternidad

    La distancia se diluye entre sudor y besos

    mientras los sentidos se desbordan

    y bailan y ríen y lloran

    Hasta que los sueños se derraman

    por la orilla de la cama

    y te beso y te abrazo

    para dormir el sueño de los que lo conocen todo

    de los que pudieron contener

    la vida, la esperanza,

    por un instante entre sus brazos

                                              Eduard Monch

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  • Incertidumbre

     Las manos acalambradas, entumidas,

    con el temblor de la indecisión

    viajando desde las yemas de los dedos

     hasta la cabeza.

    Sólo tengo este silencio profundo

    entre mi lengua y mi consciente

    entre mi mano y tus ojos.

    ¡No quiero saber de nada!

    el mundo no me contiene

    el mundo se hace ruido

    de palabras, de risas, de pasos 

    que caen en mis oídos

    para derramarse sobre la ausencia

    y escurrir gota a gota en pasado.

    Quiero cambiar todas las historias

    retomar los senderos ocultos

    olvidados tras la maleza de la costumbre.

    Reparar las puertas desvencijadas

    reconstruir los andamios

    para que se unan de nuevo nuestros labios.

    Cambiar la búsqueda constante

    por la paciencia eterna.

    Adormecer por un día

    este motor de incertidumbre

    y confiar de nuevo

    que duermo en tus brazos

    sin reminiscencias de incertidumbre

    solos, de nuevo solos

    con la lámpara de la esperanza

    encendida en el buró,

    mientras nuestros brazos se re encuentran

    y aprenden a soportar,  una vez más,

    la embestida diaria de la vida.

                                            Eduard Monch

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  • Adiós a los lamentos

    Quiero hablar, gritar

    del cansancio de mis oídos ante los lamentos,

    frente  a los odios contenidos

    por tanta gente que a diario me habla.

    No quiero escuchar ni una sola palabra.

    quiero bocas cerradas

    silencio puro y absoluto

    Me cansan las lágrimas ajenas

    los enojos del mundo con la vida

    Estoy harto de las quejas,

     no quiero quejas, ni lloriqueos

    quiero que por un día todos se alegren

    que tomen a la vida por los cuernos

    la sienten a su lado

    y brinden con ella hasta embriagarse

    y bailen con música de gaitas

    hasta terminar abrazados en la banqueta

    o discutiendo con ella sobre futbol en algún camellón

    Me gustaría que por un día

    esas personas que me circudan

    se sientan vivas

    con todo y sus penas

    con todo y sus muertos,

    con esos muertos

    que nos muestran cuan vivos estamos,

    con el dinero que falta

    con los temblores y las olas gigantes

    con la crisis, con todo

    alégrense de todo y de nada

    de ser ustedes,

     aunque sea sólo por un día,

    con eso me basta

    para desear de nuevo escucharlos.

                                   Eduard Monch

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