La poesía socava túneles, viaductos, canales
por los que se desaguan
litros y litros de una sustancia heterogénea,
sobresaturada de emociones y racionalidad
La poesía socava túneles, viaductos, canales
por los que se desaguan
litros y litros de una sustancia heterogénea,
sobresaturada de emociones y racionalidad
La vida sabe a hollín
por todas las historias quemadas
ahumadas en la hoguera de los días
No vemos
no respiramos
sólo sudor recorriendo la frente
el pecho
caminar a ciegas
dando tumbos
entre cuerpos tendidos
Todo es obscuridad
bajo el humo asfixiante del presente
en donde manos y pies
tropiezan con los pensamientos
hasta perder toda referencia
olvidando por donde entramos
cómo llegamos aquí
La salida, aunque desconocida,
es un lugar que a diario me invento
es un sueño eterno
que arde
entre las brazas
de la cotidianidad
Eduard Monch
Obscuridad ausencia y deseo
tres fases de mi ser
estadíos en que me sumerjo
caminos del diario
que me conducen entre helechos
lamentos, aglutinados entre raíces
aullidos
dolor
que se derraman
sobre los cristales de la noche
Transitar por el día
arrastrando esta ausencia
que se hace voz
que se promete sin manos
sin cuerpo
que me quiere si piel ni huesos
Viaje por el deseo
entre bocas que se buscan
que se abren
cuerpos que se trenzan
hasta quedar agotados
asfixiados
en el sueño de volver a tenerse
Va y ven de olas
de horas
de puertas que se abren
que se cierran
que me dejan preguntando
hablándome a gritos
con la soledad
Eduard Monch
Acariciar tu rostro
para devolvernos al pasado
pasado, que al sentir mi mano
se inclina
Bajar a tu cuello
a la esperanza eterna
al lugar en donde todo inicia
Las yemas de mis dedos buscan
entre tu piel
el recuerdo y el presente
que fusionados
me conducen a la búsqueda
a la misma búsqueda eterna
de ti
Tus labios abiertos
la ciudad que camina entre luces
noches y canciones
los dedos que juegan a desaparecer botones
para llegar a tu pecho
Entonces la ciudad se empaña
y se empeña en mirarnos
en buscarnos entre la lluvia
mientras aprieto tus senos
tu cuerpo queda al descubierto
Nuestros labios ansiosos,
entre luces rojas y amarillas,
se encuentran y se apartan
La noche entonces se dibuja sobre tu piel
cada parte de tu cuerpo
se hace constelación
mientras te observo
para luego, en un giro
tenerte
arrancar toda la cotidianidad
de nuestra piel
para hacer de nosotros vida
para trazar y colorear con los dedos
y los labios el destino
y definirlo
en nuestras bocas
en tu senos
en tu sexo
en cada centímetro de tu piel
en la fusión,
de nuestros cuerpos
que aclaman a la eternidad.
Eduard Monch
La búsqueda de tu voz
a diario
las ansias de no tenerte
en cada segundo
el cuerpo que niega
y se da
las palabras que se quedan
inconclusas
las historias escritas y borradas
en paralelo
la imagen de tu cuerpo desnudo
taladrando el pensamiento
la comodidad de las vidas
sumidas en la distancia
abrazar tu cuerpo
segundos
asirme de tu existencia
sin temor
tus dudas eternas clavadas
bajo la almohada
la ciudad que recorremos
de la mano
las cervezas, el vino
derramados
los reproches que se acallan
o reviven
el sabernos y no sabernos
solos, solos
los labios clausurados
a los besos
mi boca recorriendo tu piel
tu sexo
los cuerpos que nunca
dejan de sentir
la vida que nos hace girar
sobre el mismo eje
los enojos que inician
y concluyen
las certezas, las dudas
los hombres que te persiguen
las mujeres que me siguen
la lucha diaria
las canciones
los olvidos
tus ojos
mi sonrisa
los sueños que se forjan
y se funden
tu vida
mi vida
esta, nuestra vida
Eduard Monch
Me despierto por el ajetreo
que el tiempo ocasiona,
por todo ese escándalo
que hace la añoranza
en su transitar lento por sobre mi mente
Al abrir los ojos me encuentro desnudo
y vuelvo a pensar:
«esta vez será la última»
Entonces guardo las palabras
en el morral de la indiferencia
mientras de nuevo trato de dormir
para recordar los sueños
extraviados bajo el hielo
hace veinte o treinta años
Pero estos nuevos días de nada
de nadie
de pasiones inventadas
de atrapar mariposas al vuelo
de palabras tristes que recuperen
o libros que ahuyenten
no son más que el conjuro
de un presente inconcluso
amorfo
a cambio de una esperanza
que llegue
aún con fecha postergada
¡pero que llegue!
Eduard Monch
La muerte es un hueco
justo ese espacio en donde
se deposita nuestro corazón
Ayer pensé en como se escucharía la muerte
será como sumergir la cabeza dentro del agua
y escuchar apenas voces y murmullos que revotan,
que se alejan,
haciendo un sonido hueco
como tumba
que viaja por los oídos.
Me puse a escuchar desde la muerte
durante algunas horas me sumergí
en el líquido viscoso de la ausencia.
Entonces ayer, igual que ante ayer
morí un poco
demasiadas pérdidas
me paso la vida
lanzando días como piedras
a un barranco
personas como ramas
al fondo
al estanque de ajolotes y renacuajos
Tantos adioses
tanto que se va
solo me voy quedando
sólo me voy quedando
con mi tristeza
mis angustias
mi dosis diaria de optimismo
de manos
de cuerpos
de olvidos
de indecisiones
no se como arreglarlo todo
saber que renazco a diario
con un pedazo
más de memoria
pero con un hueco más en el cuerpo
en los brazos
soy mi propia consecuencia
esta mal formación del presente
llamada “yo”
Eduard Monch
De las ramas se desprenden las últimas hojas
los frutos finales,
ramas desvencijadas
por tantos adioses entre dichos.
Ni la costumbre ni la constancia regresaron
la sequía de palabras,
tanta ausencia de primaveras
lo dejaron seco.
Las aves partieron
los insectos se olvidaron
él no volvió a sentir
ni siquiera al viento pasear entre sus ramas
Sólo quedaron estas ganas de tumbarse
de derribarse sobre la hierba
de pegar sus oídos a la tierra
para escuchar de nuevo
el crujir de los años
sin decir palabra alguna.
Volverse de nuevo al principio
regresar a la tierra y repartirse,
esparcirse por el aire
en diminutas astillas
que el mismo polvo olvide
Todo cruje
y en un grito
en un estallido
en un estallido como grito
todo se quiebra
un adiós interminable silencia al viento
dieciocho anillos ceden bajo la débil corteza
mientras las ultimas gotas de sabia
escurren por su tronco
por sus ramas, por sus ojos
y entonces no queda nada,
nada
nada
Eduard Monch
Fantasmas bordean
los límites entre el pasado y el presente
se alojan en esta mi boca
que no quiere callar
que no tiene ganas de ser prudente
que pregunta
que reclama
que no deja que nada ni nadie
turbe su propia tempestad,
salvo su consciencia misma.
No quiero dar respuestas
quiero hacer preguntas
saber
conocer
no quiero situar mis días
mi vida, en un vocablo
contener relaciones
pasiones, ausencias
dentro de una sola palabra
Nos componemos de momentos
de casusa perdidas
de grilletes que amores
pasados y presentes
han dejado en nuestras muñecas
Somos todo y nada
signo que camina por las calles
Si todo pudiera contenerse
en una sola palabra
¿que caso tendría escribir estos versos?
ninguna palabra basta
para contenerlo todo
salvo la misma «vida»
Eduard Monch
Como empezamos a hacer
a deshacer muertos
a callar armas
a doblar insignias
Por unos días
que se callen las metrallas
que duerman los asesinos
que mueran en definitiva
los violadores de ideas
los secuestradores de calles
Miles de almas vuelan
rondando el cielo
formando nubes rojas
infestado de gritos
alaridos
los ojos y los oidos,
incienso, pólvora y sangre
es el olor de nuestros
basureros municipales.
Todo es adiós
despedida.
Desde hace cuatro años
partió la paz
pero ayer,
murió asesinada la confianza.
cayó ensangrentada en la banqueta
con ella se doblegó la infancia
con ello, finalmente,
se desangró la esperanza.
Eduard Monch
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