• Todo se pierde

     Junto con el tiempo se pierden días y noches,

    en que la mente enclaustrada,

    tras los barrotes del pensamiento,

    se funde en si misma, se olvida.

     Todo se pierde,

    hasta la misma muerte se extravía,

    deja que los viejos mueran tarde,

    mientras se pone a lanzar casquillos al aire

    para guardar en su costal de polvo y hierba

    miles de niños y jóvenes de a diario.

     He perdido un amigo tras otro

    una vida tras otra

    Hasta los árboles se quedan sin bosque

    extraviados entre parques y camellones

    Miles de besos yacen en pantanos oscuros,

    cansados de esperar unos labios, una boca.

     México se me pierde

    en la ausencia de consciencia,

    en la noticia diaria

    que marca la cuenta sin cuenta

    que va de fosa en fosa

     La felicidad se escapó  ayer

    con el primer infeliz que se encontró.

    Mi mujer se extravió entre la maleza

    que creció entre los  años de futuros mal cuidados.

    Así, todo se me pierde

    o me pierdo y nada queda,

    excepto tu,

    que apareces en la prisión de mi mente

    y te quedas de nuevo en mis ojos

    como ficción

    como ilusión

    ¡Que se siga perdiendo el tiempo!

    ¡que se pierdan los días y los muertos!

    ¡Pero tu no te pierdas!

    Porque aunque la vida parezca ausentarnos

    se que si te quedas

    algún día de tu mano partiré

    para quedarme con tu cuerpo entero

    no se si por años o por horas o por días

    o por ese tiempo, que algunas veces, se hace años

                                                                   Eduard Monch

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  • Ansiedad contenida entre dientes

    Cuanta ansiedad contenida entre dientes y manos

    dolor entre tu silencio y el mío

    meses que se van haciendo años

    manos guardadas en los bolsillos

    soñar que te beso y te toco y te llamo

    como a una imagen extraviada en la adolescencia.

    Pero hoy tiemblan mis manos,

    una nueva crisis de ansiedad se mezcla

    con estas mis ganas de todo y de nada

    de regresar y traicionar al tiempo

    o acelerarlo hasta gastarlo

    y detenerlo en un instante de mejores esperanzas.

    La esperanza retorcida se hace palabra

    espera

                  ansia

                              esfera

                                            estela

    aguardar ante todo aquello que se aplaza

    observar los días

    mientras el carmesí del dolor

    deja embarrada tu ausencia

    sobre mi piel inerte.

                                Eduard Monch

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  • Indecisión

     Hoy las cosas no caminan

    los pensamientos se han quedado cojos

    las letras perdieron sus patines

    y los ojos se frenaran contra el concreto

    de las paredes.

     Pienso que te busco y no te encuentro,

    que necesito un poco de tu voz

    y de ese tu silencio en donde siempre caben mis palabras.

     Pero hoy los teléfonos no transportan sonido alguno,

     ni los diálogos acercan besos.

    La carretera de tus manos esta bloqueada,

    ni siquiera los niños dan hoy sus primeros pasos.

    Todo es quietud,

    tu voz se queda sin sonido dentro del vacío

    y no hay principio o final,

    la vida finge moverse a miles de años luz

    desde este punto donde la miro.

    Las ruedas se hacen cubos,

    los trenes se funden en sus propios rieles

    los aviones de los sueños han decidido no despegar.

    Aún las mismas ganas de encontrarte

    permanecen inmóviles

    pero no me puedo mover para salir de este agujero

    para cambiar de una vez por todas el rumbo,

    y todo se mantiene quieto;

    será que todo está en manos de la indecisión.

                                                              Eduard Monch

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  • El vacío del pecho crece

    El vacío del pecho crece

    se expande como plaga

    que recorre el interior,

    se extiende bajo la piel

    como hiedra sobre paredes de piedra.

    Esta sensación de ausencia

    me deja sin lengua

    en silencio

    incapaz de articular palabra,

    hasta las emociones más intensas

    se alojan ocultas

    sin diálogos,

    sin carreteras

    que conduzcan a un abrazo

    o una caricia de consuelo.

    Suponemos  que nadie necesita saber nada

    y entonces nos asimos de nuestra propia vida

    para irnos navegando solos,

    solos en el velero del azar

    pensando que el destino soplará

    para arrastrarnos lejos de toda tristeza

    Somos de nadie

    y de nada me lleno

                       hueco

    vacío

    sólo con membranas de emociones

    vibrando.

    El sueño penetra por mis ojos

    con este hastío ante la espera,

    cansancio,

    de todos, de todo.

    Mi cuerpo se abre desde dentro

    duele, se quiebra

    y el pensamiento es incapaz

    de seguir soportando

    tanta ausencia

    tanta tristeza

    Entonces me invento que existes

    que no lloro y canto

    y que mañana me rellenaré

    de algodón puro y esperanzador

    y que el día se irá para traerme otro

    seguramente mejor,

    en el que finalmente

    volveré a tomar tu mano

    en el que finalmente,

    como una sobre dosis de sueños,

    mi vació se llenará otra vez de ti

                                          Eduard Monch

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  • Desperté queriendo alcanzar tu cuerpo

    Desperté queriendo alcanzar tu cuerpo

    arrancarlo del sueño e incrustarlo

     en estos días de ausencia.

    Humedecí mis labios

    con ganas de abandonarlos  lenta,

    tranquila  y pausadamente

    en cientos de besos sobre tu piel infinita.

    La mañana llegó con esta ansiedad

    por cobijarme en tus manos

    y resguardarme del tiempo

    y guardarme sin tiempo

    lejos del barullo de la vida

    de las noches sin sentido.

              De soñar y no tenerte

    me voy haciendo

    de la arena de tu cuerpo

    que se escurre entre mis dedos,

    de labios clausurados

    por esta distancia insondable.

    Amaneció sin ti,

    como siempre,

    pero hoy pensé que tal vez,

    luego de esta larga espera

    aparecerías,

    no se si renovada,

    pero si, con ganas de desnudarnos,

    y despojados de toda realidad:  

                                    callar

    mientras miramos el abismo apacible

    de nuestros cuerpos 

    en el momento justo después del amor

                              Eduard Monch

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  • Recuento con ajenjo

    Los pies fríos anudados a los zapatos

    pasos que se dan a obscuras

    entre la maleza que crece

    por los días que esparcen sueños

    como abono de tristezas futuras.

    Una vela inunda de amarillo los ojos

    mientras trato de retenerte

    de abrazar mientras quiero recordar

    ¿cómo eras?

    ¿cómo cabía el mundo entre los dos?

    Gotas resbalan sobre agua

    te llamo, grito tras de un cristal

    al que me lanzo como a un mar que me desgarra

     y en su reflejo

    contra la ausencia de tu voz me quiebro.

    Besos con sabor a besos

    cuerpos sin sudor de cuerpos

    Esperanzas esparcidas por reguiletes

    que dejaron de ser molinos

    apenas regando en nuestros labios

    el silencio y la ausencia en que te pierdes.

    Sueños de muertos por distancias

    y otra noche mas sin tus brazos

    Miedos se mudan del pasado

    para mirarme como al hermano

    que creían caído en batalla.

    Recoger besos por las calles

    de esos que nadie envía

    de los que uno inventa

    para saborear sorbos de vida

    Recolectar miradas entre tumbas

    creyendo que las muchachas  tras  los cristales

    son promesas de permanente adolescencia.

    Brincos de una acera a otra

    de senos como cielos extraviados

    a caricias sembradas en la infancia

    y diluidas por las lluvias sobre las paredes de la piel

    que dejan a su paso terrenos secos y agrietados.

    Muecas y oídos de serpientes

    se anudan en mis ojos

    despidiendo palabras sin labios

    Construyendo barcos sin pañuelos blancos

    y horizontes que se funden

    en negros infinitos.

    Más y más noches de risas

    que se desprenden de sueños

    de prisas matutinas que concluyen

    en un portazo sin un beso.

    Cafés más oscuros y fríos

    en tazas ajenas con sabor a ajenjo

    Poemas repetidos de cosas que cuento

    como cuentos incomprensibles

    llenos de recuentos.

                                   Eduard Monch

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  • Finalmente tenemos este muro

    Finalmente tenemos este muro

    hecho de adobes de silencio

    de emociones mal conducidas

    de recuerdos confusos

    de tardes y días de nadie

    de risas y palabras

    ocultas tras dos gritos

     No encuentro tus brazos

    ni un trozo de tu cuerpo al estirar la mano

    no queda nada de ti ni de mi

    sólo dos vacios,

    dos ausencias sobre la cama

    Nos perdimos,

    no se en qué año

    en qué día

    nos volvimos día o noche

    o calle

    o angustia

    o tristeza

    No distingo en que momento

     extraviamos la senda de la esperanza

    cuándo nos enredamos entre la maleza

    de nuestra propia cotidianidad

     Ya no podemos arrancarnos

    de los brazos que creamos

    los mismo que nos aprisionan

    nos exprimen

    al límite de nuestro propio fin

    que con toda inocencia nos separan

    sin saber qué fue de ti o de mi

    que nos dejan confundidos

    ignorando qué ocurrió con aquello

    que alguna vez llamamos amor

                                      Eduard Monch

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  • La distancia de hoy

    La distancia de hoy

    resultado de tantas agonías

    de labios apretados

    de manos que se apartaron,

    sin percatarse, sin prever

    que conducían a un final.

    De esta distancia,  llena de huecos,

    de cambios,

    de rodillas raspadas

    contra la acera de los días

    no nos quedamos, no estamos

    nos diversificamos en cientos

    en miles de pretextos

    para ser otros,

    cualquiera, menos nosotros

    Nos evitamos,

    construyendo un andamio desvencijado

    sobre el abismo de la desilusión

    diálogos entredichos, a medias

    diálogos sin ojos, sin palabras.

    Rechazo, odios, dolores,

    se entretejen formando marañas

    enredados rincones sin escapatoria

    que nos encierran

    que nos conducen de victimas

    a victimarios,

    eternamente repetidos.

                                     Eduard Monch

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  • En algún momento del día

    Quisiera saber que en algún momento del día

    no se a que hora

    pero por un instante me piensas

    Que me regalas unos granos

    en el reloj de arena de la memoria

    y por unos segundos necesitas mi mano

    o mi cuerpo entero

    Te tengo encerrada en las venas

    en el pecho que late a prisa

    en el pensamiento que sabe que no estas

    en estas ansias mías de ti

    en esta ansiedad tuya, no siempre por mi

    Otra vez regreso al cigarro

    que sabe a tu piel

    al cigarro después de ti

    y Yo con estas ganas de encerrarme,

    de perder el rumbo en tu mente

    Quisiera cerrar la puerta del olvido

    por la que me invitan a salir

    y quedarme dentro

    de forma definitiva

     Se que así, sólo así

    estoy seguro de que entonces

     me regalarías

              en un momento del día

    tal vez un minuto dentro de tus recuerdos

                                   Eduard Monch

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  • Invento que escribo

    Apareces detrás de todas las cosas

    como una sombra nacida del inconsciente

    deambulas por todos los espejos

    abriendo y cerrando puertas

    dejando el olor de tu piel en cada hendidura

    Entonces todo se escapa de mis manos

    destinos inconclusos se hacen prórrogas,

    el día siguiente

                    el otro

                               el otro

    la procesión continúa su marcha lenta

    hacia todas partes

    de rodillas, a gatas

    frente a altares que me olvidan,

     que extravío.

    Pero a veces, sólo a veces,

    la búsqueda dormita de vez en vez

    para dejarme en la vida de los que no sueñan

    de los que despiertan,

    comen, trabajan y duermen sin remordimientos,

    bajo un techo que lo sabe todo

    Hay otros días que duelen más

    otros que olvido y lloro,

    pero me niego al olvido,

    entonces me pongo a negar

     y a jugar que todo lo explico

    que nada me sorprende

    que las cosas se hacen y se deshacen a su libre antojo

    que te haces y te deshaces con ellas

    entonces me invento que escribo y vivo

    que vivo y escribo

                                           Eduard Monch

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